Sobre la necesidad de volver de vez en cuando a los principios. El otro día lo hablaba con Santi que me recordaba la importancia de leer a Aristóteles. Y en ello estoy. Con su Metafísica. Es muy curioso y supongo que instructivo, detenerse a pensar cómo el ser humano fue construyendo el edificio del conocimiento. Deconstruyendo el pensamiento mágico que es algo que como si nos fuese dado por gracia divina. El ser humano necesita respuestas a todo lo que le sorprende e inquieta y, cuando no tiene medios para encontrarlas, se las inventa. Es eso que llaman mitología. Lo interesante de todo esto es que el aprendizaje de cada individuo es como el de la humanidad en su conjunto: un penoso o gozoso, según cómo se mire, recorrido desde los cuentos de héroes con superpoderes a los limitados poderes de la razón.
Es ésta, una transición que nunca se termina. Y, lo más curioso, es la facilidad con la que al menor tambaleo del espíritu evolucionado se retrocede hacia el mito como el más seguro refugio. Ya sea la varita mágica de Harry Potter, ya sea la infalibilidad Clint Estwood, ya la invulnerabilidad de John Wayne, ya sea la pandemia del covid, los ejemplos son infinitos, lo que nos apacigua es participar de la ilusión, siquiera por un rato, de que el mal puede ser vencido.
La recurrencia del mito, esa es la gran cuestión de nuestra historia. Y no hay forma de avanzar un milímetro hacia una solución de ese cáncer de la humanidad. La dichosa paz infinita que decía aquel subnormal que curiosamente llegó a presidente de las Españas. Esa ansia de paz que solo puede calmar la guerra. Pero vete tú a contarle estas cosas a aquel presidente que seguramente ni siquiera había oído hablar de Aristóteles.
De esas cosas es de las que te das cuenta cuando partiendo de los principios te pones a reflexionar sobre la realidad circundante. No hay forma de evadirse del miedo a perecer. Puedes despistarle un poco a costa de grandes esfuerzos intelectuales, pero, da igual, siempre vuelve a encontrarte a nada que el ánimo baje de nivel. Y vuelta a empezar con los sacrificios a los dioses. Hay que aplacarles para que no desencadenen su furia. Y si tienen alguna duda al respecto, ¿por qué piensan ustedes que es tan fácil gobernar a una comunidad cualquiera? Solo hay que poner un mito a circular y ya todos vienen a comer a tu mano como corderitos. En fin, Pilarín, que no hay manera de evitar que cuanto más aparente sofisticación hay en mundo menor sea la capacidad de los humanos para ser personas. Todo el día cagaos por la pata abajo. Y perdonen por la torra que les acabo de dar, pero es que esta especie de flojo malestar que vengo arrastrando desde hace unos días me empuja hacia los cerros de Úbeda sin que me queden fuerzas para resistirme.
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