El cerco se estrecha. Me refiero al que la parte de la ciudadanía que todavía no está podrida le está poniendo a los gobernantes y a los que los sostienen que no sabemos muy bien quiénes son, pero que lo suponemos con bastante fundamento basándonos en los datos de la historia.
Hoy de madrugada he escuchado la homilía de Neil Oliver, un predicador centrado en el estado de la democracia en el Reino Unido. 'We cannot be told what to do by Government' (el Gobierno no nos puede decir lo que tenemos que hacer), ha dicho. Porque el caso es que en Inglaterra existe desde 1215 una cosa que se llama Magna Carta Libertatum (Gran Carta de las Libertades). De las libertades individuales. Desde entonces ha sido una guerra continua, por defenderla el pueblo y por limitarla el poder constituido. Y en ello se está.
Se está en Inglaterra y se está en todo el mundo. Porque nunca hubo ni habrá otra guerra que la que libran unos por dominar y otros porque no les dominen. A veces cuando los dominadores ven la cosa mal se ponen de acuerdo los de los diversos países para montar una guerra entre ellos que lleve a las poblaciones de sus respectivos países al matadero. Es una cuestión relativamente sencilla por aquello de que al ser humano se le convence con facilidad de que su vecino le está robando. Acuérdense de aquel Pujol que convenció a buena parte de los catalanes de que "Espanya ens roba". A mí desde luego que no me la dio, porque sé a ciencia cierta que aquello lo puso en marcha en connivencia con los mandamases de Madrit, como dicen ellos. Una manera bastante genial y efectiva de poder seguir manejando sin esfuerzo a las masas por el simple procedimiento de tenerlas enfrentadas.
El problema que tiene ahora el poder en curso es que empleó una mala estrategia para enfrentar a unos con otros. Se inventó todo esto de la pandemia con la finalidad de, por medio del terror, imponer un control estricto sobre las poblaciones. La vacunación era el medio para implantar un carnet digital que permitiría utilizar las nuevas tecnologías, eso que llaman Inteligencia Artificial, para mantener a la gente en el cepo por el resto de sus vidas. ¡Y se acabaron los problemas! El fin de la historia. La alarma sonó cuando una parte de la población se olió el pastel y se negó a vacunarse. Se les empezó a demonizar y parecía que la cosa les funcionaba. Se les comparó con los nazis, con los pitecántropos... se pasaron varios pueblos. Gran parte de la chusma entró al trapo hasta el punto de que se convirtió en peligroso salir a la calle si no habías querido vacunarte. Pero duró poco el embeleco. De la parte de los no vacunados estaba lo mejor de la inteligencia del mundo. Y lo que pasa siempre, que la inteligencia tardará más o menos, pero siempre acaba ganando. Hoy día el noventa por ciento de las poblaciones callan como putas, pero cuando les dicen que se vayan a vacunar se quedan en casa... rumiando su vergüenza por las cosas que llegaron a decir.
No, hoy día los gobiernos no tienen enfrente a unas poblaciones divididas por la vacuna o cualquier otro invento del tebeo. Hoy, saben que están perdidos y por eso no hacen más que dar palos de ciego. Todavía controlan unas cuantas cosas, pero todas se les van agrietando. Ya en los medios de comunicación empiezan a tener voz los demonizados de ayer. ¡Y qué voz! Se oye de extremo a extremo cada vez con mayor delectación. Una nueva casta de héroes está surgiendo, la de los que no se dejaron engañar. Porque es que, además, era todo tan burdo...
En fin, lo que les decía, que se estrecha el cerco y de nada va a servir meter la cabeza debajo del ala.
No hay comentarios:
Publicar un comentario