Hay en YouTube un canal de humor fino de un tal Abraham, seguramente mexicano. Utiliza figuras muy esquemáticas: una cabeza redonda en la que se mueven los ojos y la boca; con eso basta para dar expresividad a unos diálogos, por así decirlo, muy psicoanalíticos. En conjunto, todo ello, yo diría que es muy inteligente, aunque, claro, ya saben que eso ...
El caso es que tiene un chiste de trans muy gracioso si es que cualquier cosa relacionada con esa monstruosidad puede serlo. Está una pareja en la cama y ella le dice a él: ¿Si te digo una cosa no te vas a ofender? Él contesta: Por supuesto que no, mi amor. Es que no me atrevo, sigue ella. No te preocupes, mi amor, contesta él. Antes hacía pis parada —parada es la forma mexicana de decir de pie—, suelta, entonces, ella. Él no se da por enterado y hace como que duerme. Entonces ella, después de una pequeña pausa, dice a bote pronto: Sí, me encuentro mucho más segura después de la cirugía. Entonces él, como movido por un resorte, pega un salto y queda perplejo al borde de la cama.
Si bien lo consideramos todo esto de los trans tiene sus antecedentes en la figura de Tiresias, uno de los personajes más interesantes y persistentes en la mitología clásica. Tiresias iba por el campo con su bastón y vio a una pareja de serpientes apareándose; la emprendió a bastonazos con ellas y mató a la hembra. En castigo por ese crimen, los dioses le convirtieron en mujer. Años después, se repite la historia, pero en esta ocasión, mata al macho y los dioses le convierten en hombre. Entonces, resultó que un día andaban Zeus y Hera discutiendo sobre quién obtenía más placer en el acto sexual: ¿el macho o la hembra? Como no llegaban a conclusión alguna, cansados ya, se acordaron de Tiresias que, como había sido las dos cosas, debía tener experiencia al respecto. Le consultaron y Tiresias dijo que la mujer obtiene diez veces más placer que el hombre. A Hera no le gustó nada que hubiese desvelado el secreto que tenía tan bien guardado y, en represalia, le dejó ciego. Entonces, Zeus, en compensación, le concedió el don de la adivinación.
El caso es ese, que se difundió por el mundo el secreto, hasta entonces, mejor guardado por las mujeres, es decir, que sus orgasmos duran diez veces más que los de los hombres. Así, claro, es comprensible que en las recurrentes decadencias sociales, cuando la búsqueda de placer se convierte en el norte de todos los proyectos personales, uno de los rasgos predominantes sea el afeminamiento de los hombres. Y es que, ¡leches!, diez a uno es como para pensárselo.
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