viernes, 15 de mayo de 2026

La noche de los tiempos

Siguiendo con el tema de somiar truites, una cuestión a la que nunca será suficiente la atención que le prestemos dada la irreprimible tendencia que tenemos los humanos a caer en ese, no sé si vicio o, simplemente, carencia constitutiva. Pero, en fin, vayamos a la prosa, no por alambicada menos precisa, de Ortega:

«Sobre la línea del horizonte en esas puestas de sol inyectadas de sangre —como si una vena del firmamento hubiera sido punzada— levántanse los molinos harineros de Criptana y hacen al ocaso sus aspavientos. Estos molinos tienen un sentido: como "sentido" estos molinos son gigantes. Verdad es que Don Quijote no anda en su juicio. Pero el problema no queda resuelto porque se declare a Don Quijote demente. Lo que en él es anormal, ha sido y seguirá siendo normal en la humanidad. Bien que estos gigantes no lo sean; pero... ¿y los otros?, quiero decir, ¿y los gigantes en general? ¿De dónde ha sacado el hombre los gigantes? Porque ni los hubo ni los hay en realidad. Fuere como fuere, la ocasión en que el hombre pensó por primera vez los gigantes no se diferencia en nada esencial de esta escena cervantina. Siempre se trataría de una cosa que no era gigante, pero que mirada desde su vertiente ideal tendía a hacerse gigante. En las aspas giratorias de estos molinos hay una alusión hacia unos brazos briareos. Si obedecemos al impulso de esa alusión y nos dejamos ir según la curva allí anunciada, llegaremos al gigante.»

Para el que no lo sepa, recordaré que Briareo fue uno de los titanes que se puso del lado de los dioses telúricos en la lucha en que estos fueron derrotados por los dioses olímpicos. De resultas de lo cual los olímpicos castigaron a Briareo a vivir dentro del Etna. Y por eso es que, cuando a Briareo le pican las pulgas, el Etna echa fuego por su boca. 

Ya ven, el ser humano ha tenido, desde la noche de los tiempos, explicaciones coherentes para todos los fenómenos de la naturaleza. Y siempre una explicación vino con aires de superioridad para descabalgar a la precedente. Y siempre, también, el conjunto de la humanidad creyó a pies juntillas en la nueva explicación... y en ello es en lo que estamos, pensando que ya hemos llegado al fondo de los enigmas —lo cuántico y toda esa mandanga—, con lo cual vendríamos a ser los nuevos Briareos que una vez más se ponen del lado de los dioses telúricos para ser derrotados. 

Concluyendo, según como se mire, los humanos seguimos, poco más o menos, en donde estábamos en la noche de los tiempos, es decir, somiant truites... esa es nuestra única realidad.  

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