Paseaba con María por el muelle del Pesquero y nos topamos con un conocido, muy socialista él, que venía entusiasmado con lo del eclipse que había tenido lugar el día anterior. Se había subido a la azotea para verlo mejor, lo cual, no dejaba de ser una completa tontería porque, por un lado, un par de metros más arriba o abajo para ver una cosa que está a millones de quilómetros hasta el más tonto sabe que en nada influyen y, por otro, había una bruma que dejaba el horizonte a dos palmos de las narices como quien dice. Por lo visto, según nos contó, habían puesto un autobús lanzadera para subir gente a lo alto de la Peña Cabarga, de unos cuatrocientos metros de altitud, porque, desde allí se iba a ver mucho mejor el magno acontecimiento. Por lo que me han contado, las televisiones públicas, que son todas, llevaban semanas calentando motores, así que, llegado el momento álgido, nada tiene de particular que las masas empáticas entrasen en éxtasis... ¡lástima de bruma! Otro gatillazo y suma y sigue. Son las cosas de la empatía. Y, por supuesto, de la socialización.
El asunto está claro: si eres un buen socialista, lo que realmente quieres es que papa Estado utilice todos los medios a su disposición para desviarte la atención de lo que realmente te importa. Porque, a qué engañarse, lo que realmente importa, o sea, la verdad de las cosas, raramente es agradable por aquello de que la verdad es un espejo en el que nos vernos tal como somos, o sea, un verdadero asco... así no hay manera de poder ampararse tras el escudo de la superioridad moral que es cualquier ideología, por supuesto socialista, que lo son prácticamente todas menos la de Clint Estwood, ya saben, la de que nadie me toque los cojones.
Así que yo le diría a mi amigo socialista que no se suba a la azotea para enterarse de lo que está pasando en EEUU con el asunto de las vacunas, no vaya a ser que le entren ganas de arrojarse al vacío. Porque se da el caso de que este amigo, cuando lo de aquello que llamaron covid, era un encarnizado propagandista de la fe vacuneril. Y ahora viene ese tal Trump, un facha de tomo y lomo, y dice que hay que andarse con mucho ojo con eso de las vacunas porque no es oro todo lo que reluce. ¡Vaya con Papá Estado! ¡Otra vez metió la pata y como si nada!
¡Joder, putos socialistas de todos los partidos, es que no tuvisteis bastante ya!
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