Todo el mundo conoce la expresión «jugar con fuego». Otra cosa es haberse parado a pensar en su real significado. Tal expresión, sin lugar a duda, tiene que venir por vía directa del mito prometeico. El mito prometeico, a mi juicio, es el pilar sobre el que se sustenta la civilización. Por eso, si yo fuese Dios, haría obligatoria la reflexión sobre este mito desde primero de primaria, e ir profundizando en sus significados a medida que se avanza en el proceso de desasnamiento que, en teoría, es lo que llamamos educación.
Para jugar con fuego, lo primero que hay que hacer es conseguirlo y, que yo sepa, eso, solo es posible de una manera: robándoselo a los dioses. Robar fuego a los dioses es la obsesión que nos caracteriza como especie. Hemos dado en creer que, cuánto más les robemos, más seremos como ellos. Y así es que estemos como estamos, viviendo en un ¡ay!, porque les hemos robado tanto que se nos va de las manos y no ganamos para curar las quemaduras que nos produce.
Por eso, la historia de la humanidad, a la postre, se puede resumir en los esfuerzos que ha tenido que hacer para curar las quemaduras producidas por el exceso de fuego robado. Porque el fuego tiene eso, que quema, cosa que, la soberbia inherente a su posesión —piensen en Lucifer— nos hace olvidar. No por otra razón es que Lucifer esté condenado a vivir en los infiernos que, como todo el mundo sabe, es un lugar en el que hay tanto fuego que, la gente que está en él, no hace otra cosa que estar quemándose todo el día.
Ya lo dice el refrán popular, ni tan poco que no te alumbre, ni tanto que te queme. Porque, sin él apenas nos diferenciaríamos de las otras especies; continuaríamos viviendo en las ramas de los árboles. Así que le necesitamos para ser lo que somos, pero también necesitamos un ángel de la guarda, o dios protector, que nos diga lo que tenemos que hacer para que no se nos vaya de las manos y nos queme. En el mito prometeico, Zeus, apiadado de las quemaduras que está padeciendo Prometeo, envía a Atenea para que le enseñe a manejar el fuego sin quemarse. Hay que tener en cuenta que Atenea es una diosa que ha salido directamente de un dolor de cabeza de su padre Zeus. Porque también los dioses, en este caso el supremo, tienen en ocasiones dolores de cabeza, ¡no se vayan a creer!
En fin, no me puedo explicar porque no se enseña algo tan esencial en las escuelas. ¡Con lo útil que sería!
Continuará.
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