En su acostumbrada entrega dominical, ayer nos regaló Paola Hermosín el tango Cambalache. Como siempre, antes de interpretar la pieza hizo algunas consideraciones sobre ella. En este caso, en vez de ser sobre la técnica musical fueron de tipo sociológico dada la letra del tango. "Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé", es el comienzo. Lo demás por el estilo. O sea, que, para qué nos vamos a engañar: escepticismo, cinismo y tirar para adelante que son dos días. Es la filosofía del tango. Y quizá la de Argentina en su conjunto: nunca conocí país al que se le fuera tanta fuerza por la boca.
Digo Argentina y quizá debiera decir el mundo entero. La prueba es que pocos géneros musicales tienen una penetración tan universal como el tango. Y para colmo, va y llega Piazzolla y se pone a la cabeza de todos los repertorios que quieren salirse de lo ya masticado y deglutido.
¡Por todos los demonios, deja ya de ir a cualquier misa de cualquier religión!, parece ser el grito que se escapa de todas esas letras. Y sálvate a tu manera. "Tomo y obligo, mándese un trago / que hoy necesito el recuerdo matar".
¿Es que hay alguien que no necesite matar el recuerdo cada dos por tres?
Mil años ha, sostenía Khayyam:
"¿Dices que el vino es el único bálsamo?
¡Traedme todo el vino del universo!
Mi corazón tiene tantas heridas... ¡Todo el vino del universo
y que mi corazón conserve sus heridas!"
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