Sale uno a pasear por los maravillosos muelles de la ciudad y, ¡vaya por Dios!, resulta que quien tenga autoridad para ello ha mandado colocar allí unos paneles en los que se ven moribundos, enfermeras enmascarilladas... una delicia, en fin. Entonces, coges, agarras y te pones a escuchar el video de Chipi Chacón que te ha enviado Carlos desde Palencia para que empieces bien el día, y, ¡vaya por Dios!, un tipo se entromete para recordarte que tienes una próstata que se te va a poner como un balón... otra delicia. Pero es que si no es la próstata es el agua que se está acabando o los niños que se mueren de hambre en no sé dónde... ya digo, pura delicia.
Esa es la verdadera cuestión, que ya hay millones de personas en el mundo que han hecho su modus vivendi de aterrorizar a la gente so capa de eso que llaman humanitarismo. Son vampiros en el sentido más puro del término. Son los mismos que a la caída de la noche se acicalan y se van a tomar copas con su bondad en bandolera. La bondad, eso que Pessoa llama la delicadeza de las almas groseras.
¡Te das cuenta! La delicadeza de las almas groseras. Cuando alguien es un mierda una buena opción para camuflarse es hacerse el bondadoso. Yo me preocupo del sufrimiento de los demás y todo eso. Como si eso fuera posible. El bondadoso solo ve en el que sufre una yugular de la que colgarse. Está en la propia naturaleza de las cosas.
Así que ya saben, colóquense alrededor del cuello una ristra de ajos. Y tengan siempre a mano un crucifijo. Y, sobre todo, hagan chistes de vampiros. Quizá así los ahuyente. Aunque son tantos...
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