domingo, 30 de abril de 2023

Los viajes de los viejos

He estado estos pasados días haciendo una recopilación de las entradas que hice en mis sucesivos blogs contando mis escapadas en bicicleta, al principio solo y, después, acompañado por María. La llegada de María a mi vida supuso un antes y un después en lo que a esas escapadas hace, porque, acompañado, no me costó nada animarme a los largos periplos. De hasta diez días o así. Ni que decir tiene que esos periplos fueron una experiencia inolvidable, en su mayor parte muy gozosa. Reconozco sin ambages que pocas cosas hice en la vida que lo fueran tanto. Gozosas quiero decir. 

Es curioso, porque uno ha llegado ya a un estado en el que la vida es mayormente recordar. A mi edad son ya difíciles las nuevas experiencias. Pla decía que las enfermedades son los viajes de los pobres. Yo le corregiría porque, si me apuran, son los pobres los que más viajan, pero, sin embargo, pienso que ese proverbio es acertado al cien por cien si cambiamos la palabra pobre por la de viejo. Por eso cuando vas por ahí y captas conversaciones al vuelo, si son entre viejos, y no tan viejos, pero no pobres, casi siempre serán sobre enfermedades, porque siempre solemos hablar de nuestras recientes experiencias y las enfermedades son prácticamente las únicas que tenemos cuando somo viejos y, ya digo, no tan viejos. 

Así que, una de dos, o hablamos de enfermedades o ejercemos de abuelos cebolletas. Dos opciones que, tengo que decirlo, me horrorizan a cada cual más. Que no por otra cosa es que tenga esa tendencia irreprimible al aislamiento. Solo, contigo mismo, no hay peligro, aunque como les contaba el otro día apropósito de Pessoa, no haya llegado ni de lejos a esa distinción espiritual que permite que ese aislamiento sea un reposo sin angustia. Pero, en fin, en ello estamos. 

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