lunes, 17 de abril de 2023

Scaremongering

El otro día les contaba a propósito de la novela Drácula de Bram Stoker. La leí en su día y me ayudó mucho a comprender toda esa simbología que se esconde detrás de la figura de los Vampiros. ¿Por qué tanta insistencia en escribir y hacer películas sobre ellos? Y, sobre todo, por qué tienen tanto éxito. Así que como ya apenas me acordaba de aquella lectura y unas puntualizaciones de Santi sobre ella me habían despertado la curiosidad, no lo dudé un instante y me fui a la librería de segunda mano que hay en la calle San Luis a ver si me podía agenciar un ejemplar. Y hubo suerte. 

Así es que llevo un par de días enfrascándome al atardecer en su lectura. Como todos esos autores de la segunda mitad del XIX y comienzos de XX, Bram Stoker, te fríe a detalles sobre el paisaje y particularidades, digamos que antropológicas, de las personas que en él habitan. Bien mirado, es un verdadero tostón, y doy la razón a quienes piensan que esa minuciosidad será la que se encargue de que ese tipo de novelas pasen muy pronto al cajón del olvido.

El caso es que ahora ando por donde el protagonista nos cuenta cómo fue su llegada al castillo de Drácula. Un suma y sigue de insinuaciones inquietantes con las que se pretende y, seguramente consigue, poner al lector en un estado de inquietud espiritual de índole temerosa. Intriga y dolor de barriga, como decíamos de niños. Muy ingenuo todo. 

Los ingleses tienen una palabra para tales lluvias de inquietantes insinuaciones: scaremongering. Una palabra que, por cierto, ha sido muy utilizada entre los sectores escépticos respecto de lo de la famosa pandemia, para definir la actitud de los diferentes gobiernos. La promoción del miedo, una emoción que como cualquiera sabe deja a las personas indefensas. 

Y esa es la cuestión que ya me va aclarando la lectura de las primeras páginas, lo fácil que es suscitar el miedo. Solo hay que sacar a pasear un ápice de esa cualidad que todos poseemos en mayor o menor medida y que se llama sadismo. Porque el castillo de Drácula no tiene de por sí por qué inspirarnos miedo. Si lo miras con la perspectiva de Polansky lo que te da es risa. En cualquier caso, lo de los vampiros, por decirlo con esa expresión tan catalana, hay que hacérselo mirar porque, ¡ojo al parche! Que donde menos se piensa salta la liebre.    

2 comentarios:

  1. Acabo de leer tu blog después de mucho tiempo. Muchas gracias por las referencias que me haces. No las merezco.
    En cualquier caso es cierto: de los mitos modernos, pocos tan vivos como Drácula, Drac-ul, el dragón que nos vive dentro y nos come el alma. Vete tú a saber si la misión más importante de nuestra vida no sea esa: descubrir al vampiro interior y tener valor de acabar matándolo, porque, como decía siempre Feynman, no hay nadie que nos va a engañar nunca tanto como nosotros mismos.
    Dicho lo cual, no hay que desdeñar tampoco a todos esos vampiros que nos rondan, muchas veces años, sin que nos demos cuenta. Hay que tener valor para empuñar la estaca, porque seguramente eso te condena a la soledad. Pero ya sabes que cada día valoro más el refranero: "Mejor solos que mal acompañados".

    ResponderEliminar
  2. Pues sí, Santi, difícilmente vas a percibir los vampiros que te rodean si antes no descubres y aniquilas al que llevas dentro. Después, ya, lo de tirar de estaca está chupado. Y la soledad, pues, eso, ¡bendita sea!

    ResponderEliminar