Desde principios del verano pasado he estado dedicado a revisar, ordenar e incluso pulir, todo lo que escribí de hace treinta años para acá. Lo escrito anteriormente, más o menos de los cuarenta a los cincuenta años de mi vida, lo he desechado por razones obvias: cuando uno está aprendiendo a hacer algo solo salen garabatos. Hoy he ido a la copistería a imprimir el dietario que escribí durante los dos años que me duró el tránsito de Salamanca a Barcelona. Así lo he prologado:
"Del placer y admiración que me produjo la lectura de El Quadern Gris de Pla, me sobrevinieron deseos de emulación y a ello me puse. Comprendo que cualquier cosa que yo haga estará, respecto a su calidad, a años luz de lo que hiciera Pla, pero si dejásemos que ello nos llevase al desistimiento, entonces, ¿Qué novelas se hubiesen escrito después de la Ilíada o la Odisea? ¿O qué tragedias después de las sofocleas?
Pienso que este dietario ha sido, sobre todo, una terapia que me ayudó a surfear sin sucumbir durante dos de los años más complicados de mi existencia. He tratado de relatar el presente dando entrada en él, a medida que los acontecimientos me lo sugerían, recuerdos del pasado. Y, como es natural, no privándome de reflexionar y opinar, con excesivo desparpajo a veces, sobre todo lo humano y divino que se me viniese a las mientes, incluidas las personas de mi entorno, lo cual, bien pudiera ser que, como advierte el periodista Sostres, me metiese en problemas. Así todo, prefiero eso que no lo del cagao Dr. Johnson que, aunque recomendaba fervientemente escribir dietarios, consideraba indispensable tener advertido a algún amigo de confianza para que los quemase si al autor le pasase algo desagradable.
También he usado, y puede que abusado, de las citas literarias. Es un recurso muy utilizado para aquilatar lo que quieres expresar. Las he trascrito en su idioma original por pensar que así no sufrirían el menoscabo que toda traducción conlleva.
Quiero advertir que cuando escribí esté dietario, por mis cincuenta y pocos, mi bagaje no contenía todavía, entre otros, a los de la Escuela Austriaca de Economía, No había escuchado a los profesores Huerta de Soto y Anxo Bastos. Lecturas como El Camino de Servidumbre de Hayek o El Manifiesto libertario de Rothbard me ayudaron a comprender que había otras formas de interpretar la realidad. Por eso, al releer muchos párrafos de este dietario siento vergüenza de mí. Pero no los he querido quitar porque creo importante mostrar la ingenuidad e ignorancia de la que en su día hice gala. Además, porque también pienso, que con lo que escribo hoy día, me pasaría lo mismo si tuviese la oportunidad de leerlo dentro de treinta años.
El caso es que aquí está e, inmodestia aparte, pienso que he conseguido algunos pasajes que pueden resultar amenos a ocasionales lectores.
Santander, 22 de abril de 2023"
¿Qué hacer ahora? ¿Publicarlo? Estoy indeciso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario