El ser humano sabe desde tiempo inmemorial todo lo que es necesario saber para hacer del mundo un lugar en el que merezca la pena vivir y, sin embargo, pareciera que siempre estamos como si recién acabásemos de bajarnos de los árboles.
Les pondré unos ejemplos para intentar corroborar lo que les acabo de decir. Vayamos a la Biblia como una de las fuentes de sabiduría más accesible que tiene la humanidad desde hace ya varios milenios. Desde luego que no voy a decirles que ese libro es producto de la revelación divina como tantos convencidos nos quieren dar a entender... a no ser que por revelación divina tengamos eso que algunos llaman iluminismo, es decir intuiciones poderosas que no brotan directamente de la razón sino de algo que es tan difícil de explicar que no es extraño que haya hecho correr ríos de tinta tratando de aportar alguna luz. En cualquier caso, es de suponer que en el origen de esas intuiciones está el ansia de verdad que, como mecanismo de supervivencia, caracteriza a nuestra especie.
Pues bien, para mí, la Biblia es, como todo el conocimiento, algo que aportaron unos señores que se auparon sobre los hombros de los que les precedieron. Así fue que los hebreos desterrados en Babilonia tuvieron acceso a todo el conocimiento sumerio, acadio y mesopotáicmo en general. Lo mismo que otros judíos, muy anteriores a esos, lo tuvieron al conocimiento egipcio. Desde luego que tuvieron el mérito de saber sintetizar todo aquel conocimiento que absorbieron dándole una forma que ha resultado ser accesible para cualquier cabeza medianamente despejada.
Pero vayamos a los ejemplos. Citaré dos que me parecen definitivos. Uno, que, dada la relevancia que me parece que tiene, ya se lo he traído a colación en repetidas ocasiones: es cuando los judíos le piden un rey a Dios, por medio de Samuel. Dios se lo da, pero no sin antes advertirles de las nefastas consecuencias que trae aparejada toda cesión de libertan a cambio de hipotética seguridad. Desde luego que, si por mí fuera, ese pasaje estaría escrito en grandes paneles colocados a la puerta de todas las instituciones... claro que, si ese pasaje fuese de dominio público lo más probable es que no existiesen las instituciones -excepción hecha de la familia que es la única, por así decirlo, natural, o sea, que sirve para algo- ya que éstas, las instituciones, no son más que el brazo armado del rey.
El otro ejemplo que les quiero traer es el de cuando Dios, creo recordar que Isaías mediante, advierte a los judíos que detesta todo el culto rimbombante que le dedican. No sirve para otra cosa que para engañaros a vosotros mismos. Vosotros, les viene a decir, ser estrictos con la ley que os di por medio de Moisés y, sobre todo, haced hincapié en la filantropía... que no haya viuda ni huérfano que queden abandonados.
Imagínense un mundo sin reyes ni rimbombancias rituales. Simplemente, no robando, no matando, no levantando falsos testimonios y ayudando a quienes más lo necesitan. O sea, lo que se sabe desde la noche de los tiempos que funciona.
Y, desde la noche de los tiempos también, se sabe que la suma del cuadrado de los catetos es igual al cuadrado de la hipotenusa. Es el teorema que achacan a Pitágoras, porque a todo hay que darle una paternidad, pero la verdad es que para cuando Pitágoras nació el teorema ya llevaba miles de años en el mundo. Se han descubierto tablillas sumerias con cifras que cuadran con ese teorema. Así que, a saber de cuando viene ese conocimiento que, por así decirlo, es la madre de toda la lógica y ciencia en general.
Y como si nada; no hay forma de que aprendamos a vivir sin reyes y seguimos entregados a todo tipo de rimbombancias... usando los teoremas para levantar catedrales cada vez más espeluznantes.
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