martes, 9 de diciembre de 2025

El Covidiota

 


(Esta es la trágica historia del Covidiota.

El Covidiota no puede pensar por sí mismo.

El confía en las autoridades sin importarle lo ridículas que sean las normas que impongan.

El hizo todo lo que le fue ordenado, sin importarle lo absurdo que fuera.)



(El hombre de la TV anunció que un virus mortal andaba suelto por el mundo -una "pandemia". Daba igual que no hubiese una evidencia real en el mundo.

"Renuncia a todas tus libertades y enciérrate en casa", decía el hombre de la televisión.

El Covidiota fue hipnotizado por todos los slogans de marketing arrojados sobre él y obedeció de inmediato.)

Un tal John Cooper ha publicado en YouTube una película animada titulada "The Covidiot & The Quest for a Free Hotdog". Como muestra les he puesto las dos primeras viñetas. En mi opinión, la película es un resumen, con la típica precisión anglosajona, de lo que pasó cuando pasó lo que pasó como si no hubiese pasado nada, aunque, en realidad, fue lo más gordo de todo lo que ha pasado en las vidas de la inmensa mayoría de la gente... al menos en la mía sin la menor duda al respecto.  

El Covidiota es un espejo sin paliativos. Te pones delante de él y te ves cinco años para atrás tal como fuiste en aquel desgraciado trance. ¿Qué hiciste entonces? ¿Te comportaste como un covidiota o te sentiste humillado? Porque, se estuvo muy lejos de la unanimidad; ya saben que es en las grandes ocasiones en donde cada cual se retrata en su más prístina esencia. 

Así es que, no me hago ilusiones; sé que la inmensa mayoría de nosotros trata por todos los medios de evitar verse tal y como es cuando sale desfavorecido. No por otra causa fue que en el portal de mi casa de Palencia colocasen un espejo con las curvaturas adecuadas para que las personas que en él se reflejaban saliesen con la figura estilizada. Tan sutil era la cosa que nadie se dio por enterado. A partir de entonces, me he fijado y he visto ese tipo de espejos en demasiados sitios... en casi todos para ser exactos. 

Sea como sea que haga cada cual, lo que es innegable es que pocas cosas en la vida son más edificantes que el tener la valentía de enfrentarse a la imagen de uno mismo, salga lo que salga. Tener la oportunidad de verse tal y como uno es, en carne viva por así decirlo, es uno de los mayores regalos que nos puede hacer el cielo. Y no por nada, sino porque, si uno sabe aprovechar el sofocón que se suele padecer en tales casos, puede suponer un salto hacia delante inestimable en el camino de perfección.  

En fin, yo, ahí les dejo el dato. Solo hay que ir a YouTube y teclear The Covidiot. Al instante aparece la película y, que sea lo que Dios quiera. 

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