Una filosofía de vida que pone el cuidado por encima de todo en la educación de los hijos. Apostaría lo que fuese a que en ese detalle está la explicación de que el 25% de todos los Premios Nobel sean judíos. Por propia experiencia sé lo que es eso de educar hijos. Al principio tienes mucha ilusión y grandes propósitos, pero como, cuando los tienes, eres joven, también sueñas con divertirte, y ahí está la gran contradicción, que la educación de los hijos exige grandes sacrificios y por eso, lleno de justificaciones, vas delegando la tarea en manos mercenarias. Es un error fatal del que, cuando te apercibes, si es que te apercibes, ya no tiene solución.
Y no te digo ya nada si, cuando delegas, es en manos de instituciones públicas. Escuchaba ayer un vídeo en el que Milton Friedman, un premio Nobel de economía, y supongo que también judío, hacía un pormenorizado desglose de las razones por las que la enseñanza pública es el mayor fraude que se le puede hacer a una sociedad. Las instituciones públicas educan para que corras a vacunarte cuando te lo indican las autoridades y, también, para que creas que el cine de Almodobar es el no va más. Con esto, pienso, ya está dicho todo.
Hay dos autores, también judíos, y también premios Nobel, en los que se pueden extraer grandes enseñanzas sobre qué cosa es eso de educar a los hijos. Uno es Canetti y el otro es Feynman. Desgraciadamente los leí cuando ya era demasiado tarde para rectificar. Seguramente tendría que haber nacido judío para venir de fábrica con la lección aprendida. Así y todo, identificar tus errores y cargar con el mochuelo, si no de consuelo, puede servir para bajar los humos, cosa que buena falta nos suele hacer a la hora de entrar en consideraciones.
El caso es que seguía ayer con lo de Flavio Josefo y me daba cuenta de hasta que punto hablamos tantas veces por hablar -con soberbia de mancebo, que decía San Agustín- sin saber de lo que estamos hablando. Desde luego que Heródoto no fue el primer historiador. Desde que hubo rudimentos de escritura los gobiernos de muchas naciones pusieron buen cuidado en que quedase constancia escrita de lo que iba pasando. Y no todo ese acervo histórico está perdido. Si te desvías un poco de los caminos trillados, vas encontrando por aquí y por allá pecios que te indican que esto que llamamos civilización no ha sido un proceso progresivo. Hace ya muchos años -milenios- que se sabe lo que está bien y lo que está mal y, el uso que se ha hecho de ese conocimiento, unas veces ha sido mejor y otras peor. Eso sí, lo que nunca ha fallado, es que cuando peor uso se ha hecho de ese conocimiento es cuando más se ha insistido en que se estaba haciendo lo correcto.
Resumiendo, que, hace unos tres mil años, el rey Hirán de Tiro, Fenicia, y el rey Salomón de Judea, se relacionaban entre sí por medio de enigmas. Se los enviaban el uno al otro y el que no los sabía resolver tenía que pagar una fuerte multa. En eso era en lo que estaba entretenido el poder. Y por eso era que tanto los tirios como los judíos funcionaban como relojes suizos. Lo cuenta un tal Díos, historiador fenicio.
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