A la izquierda, el número de vacunas que se suministraban desde la vida intrauterina hasta los diez y ocho años en 1983. A la derecha las que se suministran hoy día en el mismo periodo de tiempo. Como ven, la ilusión de seguridad se ha multiplicado por más de cinco... y sigue la racha.
Perdonen que insista, pero es que estoy convencido de que hasta que el mundo no se libere de la mafia de la hipocondría -médicos y laboratorios en estrecha connivencia con la clase política- las cosas no pueden sino empeorar. Y no por nada, sino porque no puede haber mayor negación de la vida que pasársela obsesionado con librarse de la muerte.
Claro, todo esto tiene que ver con el peor de los pecados, el de soberbia. De pronto el ser humano se ha creído que puede torcer el brazo a la naturaleza a su antojo. Así ya no necesita para nada temer a Dios. ¿Por qué le habría de temer si ya es igual que Él? Sí, de ahí vienen todas nuestras desgracias.
Así es que olvídense de tratar de conspiranoicos a los que contradicen las verdades de la religión dominante, es decir, la de la ciencia, y pónganse a investigar por su cuenta. Tengan por seguro que así harán hallazgos sorprendentes. El primero, seguramente, será el que hicieron todos los que se pararon a pensar antes de hablar: que la única seguridad posible es la que proporciona el temor de Dios, o sea, guardas sus leyes, las que le dictó a Moisés, y, entonces, tienes derecho a confiar en su divina providencia. Teniendo esa confianza, se vive perfectamente sin necesidad de tanta vacuna. Quizá les parezca una tontería, pero díganme ustedes que otra cosa ha funcionado mejor a lo largo de los siglos.
Guardar sus leyes, ese es el único secreto de la vida. Poner por encima de todas las preocupaciones la de la educación de los hijos, dedicar un día cada siete a la contemplación, no desear la mujer de tu prójimo que es el más demoníaco de todos los deseos, honrar padre y madre, aunque te parezca que no se lo merecen, no levantar falsos testimonios que es como robar, o quitar, la vida al prójimo... eso es, poco más o menos, todo lo que tienes que hacer para estar en armonía con la música de las esferas.

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