Me llega la onda: "si admitiéramos que la vida humana se rige por la razón, terminaría la posibilidad de vida". Y entonces me doy cuenta de que he perdido todo el tiempo, demasiado tiempo, que he dedicado a intentar comprender, esa ambición, de todas, quizá la más estúpida. Hay miles de millones de variables interactuando entre sí como Dios las da a entender y nosotros, los humanos, a lo más que podemos aspirar es a resolver problemas de matemáticas, un bonito juego de unas pocas docenas de variables que tiene el peligro de hacernos creer que somos dioses.
Así es que, cada vez más, mis héroes son los místicos: aspirar a relacionarse con lo divino a través de la contemplación. Dejar de comerse el coco y recurrir a Dios como explicación de todo lo que no la tiene.
No sé qué más se puede decir al respecto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario