martes, 16 de diciembre de 2025

Tenin de tot

Las cosas son como son porque no pueden ser de otra manera. Ese sueño prometeico de poder poner remedio a todo lo que no funciona robando más fuego a los dioses no es en realidad más que una huida hacia delante que indefectiblemente lleva al precipicio. Remedando a Koheleth, podríamos decir que todo esto que llaman progreso no es más que vanidad y compra de viento. 

El sueño prometeico de la abundancia. "Tenin de tot, i a més a més tenin, i per l´oltra banda tenin...", que les decía Jordi Pujol a los catalanes para convencerlos de su condición cuasi divina. La realidad era, por lo que yo pude comprobar, que Cataluña era lo más parecido a un basurero que había en toda España... aunque como ellos no se consideraban españoles, pues tan contentos. 

Pensaba en estas cosas porque me llegan noticias de que hay pestes animales por todos los lados a las que se trata de poner remedio con sacrificios masivos. Y claro, la gente del campo está que echa chispas por el nabo; veía ayer un vídeo maravilloso en el que un agricultor había colocado una cuba llena de mierda de vaca a las puertas del ministerio de agricultura, en pleno centro de París, y allí la estaba descargando a chorretones a la vez que sonaba a toda mecha una música heavy metal que le daba una intensidad indescriptible al evento. Una verdadera obra de arte, en cualquier caso... y eso que en el vídeo no se podían percibir los olores, la parte, sin duda, más sangrante del asunto. 

Lo que no puede ser, no puede ser y, además, es imposible. Carne para ocho mil millones de personas solo se puede producir si convertimos a los animales en piezas de una máquina. Yo estaba acostumbrado a ver a las vacas paciendo por los prados y a las gallinas picoteando por el corral y a los cerdos hozando por el barro... y así todos los animales que luego nos comíamos. Pero un buen día, ya era yo adolescente, vi una granja de engorde de culones asturianos que habían puesto unos emprendedores del pueblo. Todo el mundo se hacía cruces con aquella granja que lo tenía todo mecanizado. Aquellos culones se ponían en los quinientos kilos en menos de lo que se tarda en decirlo. Lo único que movían era la mandíbula. Y en esas estando, los culones empezaron a hincharse para luego morir. Resultó ser de las flatulencias que les producía la alimentación que les daban. Costó mucho dar con las proporciones adecuadas. 

Las actuales granjas, de las que el mundo está lleno, vendrían a ser para los animales lo que aquellos campos de concentración nazis, o soviéticos, para las personas. Es imposible no enfermar en un sitio así. El hacinamiento es un caldo de cultivo para todo tipo de bacterias; entonces, la ciencia, que, como ustedes saben, tiene soluciones para todo, suministra a paladas a los hacinados, vacunas, antibióticos y demás pócimas sagradas, para tratar de neutralizar a las bacterias. ¡Sancta Simplicitas! ¿A quién le puede caber en la cabeza que las bacterias vayan a ser más tontas que nosotros los humanos? Está archidemostrado que al final son ellas las que se salen con la suya por la sencilla razón de que así es como quiere Dios que sea. 

En resumidas cuentas, siguiendo a Koheleth: después examiné todas las obras de mis manos y la fatiga que me costó realizarlas: todo resultó vanidad y caza de viento, nada se saca bajo el sol. 

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