Dennis Meadows es un científico estadounidense perteneciente a eso que llaman Club de Roma, un lugar en donde gente supuestamente muy inteligente se dedica a discutir sobre los problemas del mundo. Pues bien, el tal Dennis fue coautor de un libro, Los Límites del Crecimiento, que, por lo visto, ha tenido mucho impacto entre eso que llaman las élites, algo que nadie sabe muy bien en qué consiste ni quienes son ni para qué sirven.
Les traigo esto a colación porque me ha llegado un video en el que se ve a Dennis explicando la imposibilidad de conjugar superpoblación con libertad. Por eso aboga por reducir de una forma civilizada la población mundial hasta llegar a la cifra de mil millones que, según él, es la idónea para que la gente pueda ser libre a la vez que acomodada. Con ocho mil millones, añade, no hay forma de mantener el tinglado si no es a base de regímenes políticos totalitarios. Sin duda esta es una idea muy intuitiva, como se dice ahora; cualquiera sabe que vivir amontonado exige disciplina so pena de extinción... no por otra causa supongo que será el que cada día nos desayunemos con tres o cuatro normas nuevas que han impuesto los gobiernos para limitar nuestro libre decidir, porque es que, la realidad es que vivimos tope amontonados y, al parecer, todavía no lo suficiente para poder pagar las pensiones a los jubilados, cosa, que por cierto, nos pone los pelos de punta a los vejetes como yo.
Yo, no sé, pero, de apostar por algo, sería porque el principal problema es la gente como Dennis, tipos que como no saben hacer nada de fuste, pretenden, y lo consiguen, vivir a costa del trabajo de los demás. Dennis forma parte de esa epidemia, peor todavía que la de los médicos, que es debida a la superabundancia de especímenes dedicados a esa entelequia que se ha dado en denominar ingeniería social. O sea, los parásitos de siempre. Con bellas palabras, como "de forma civilizada", meten al mundo en unos jardines de los que millones salen con los pies por delante mucho antes de lo que, por ley divina, les correspondería.
Sí, qué duda cabe de que en el momento actual hay mucha gente -durante el tiempo de mi existencia he visto multiplicarse por cuatro la población mundial-, pero ese exceso trae causa del mucho fuego que en los últimos siglos hemos robado a los dioses. Con ese fuego podemos hacer de las piedras, panes, como si fuésemos catalanes, y, también, conseguimos que, de cien niños que nacen, se logren noventa y nueve. En eso consiste la venganza de los dioses por querernos parecer a ellos, en que nos sobre comida y los niños no se mueran; lo más parecido a un cáncer, a los hechos me remito... echen una mirada a la franja de Gaza por si lo estaban dudando.
Pero no creo yo que haya mucho de lo qué preocuparse; la naturaleza, como el corazón, tiene razones, que la razón no entiende. Lo mismo que ha superpoblado el mundo, se encargará de despoblarlo tan pronto como vea peligrar la supervivencia. ¡Pues anda que no tiene ingenio ella ni nada! Miren esa foto que les he puesto al inicio de este post: ¿no puede ser esa una de tantas soluciones al problema de la superpoblación? Ya ven, algo que no ha necesitado del concurso de los ingenieros sociales ni Cristo que lo fundó.
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