Como a lo largo de la vida, por cuestiones profesionales, tuve que ver a mucha gente con el torso desnudo, no fue raro que encontrase de vez en cuando algún tatuaje. Por supuesto siempre en hombres. Recuerdo un marinero gigantesco de Sant Adriá de Besós que tenía en la espalda un calvario con las tres cruces de una perfección sorprendente... sobre todo la cara del cristo con su corona de espinas. En cualquier caso, no era frecuente. Y lo traigo a colación porque he visto un vídeo en Telegram que muestra a multitud de mandatarios del mundo vacunándose de la cosa. Como con orgullo y tal y de paso mostrando muchos de ellos en su brazo arremangado sendos tatuajes. El cretino ese de Canadá, por ejemplo, tiene un plastrón negro en la parte superior de su hipertrofiado brazo izquierdo. Y esos mandatarios australianos que tanto han aterrorizado a la población de su país con lo del supuesto bicho, lo mismo. Pero es que también la super alabada, a la vez que denostada, presidenta de Madrid también tiene los suyos. Uno visible y otro secreto, por lo visto. Bueno, en realidad el video va de que todos los mandatarios mientras se vacunan sonriendo aprovechan para hacer una declaración sobre lo efectiva que es la vacuna. Luego resulta que todos ellos se han infectado de la cosa no se cuantas veces, pero, eso, pelillos a la mar.
Pues sí, así son los tiempos que corren, con mandatarios tatuados. No es que pase nada por ello, desde luego, pero "lo que es yo", como dice la kioskera de mi barrio para autoafirmarse en su idea, no me fío un pelo de la gente que se automutila. Porque nadie en su sano juicio lo hace. Bueno, hay un montón de cosas que nadie en su sano juicio hace y que tire la primera piedra el que esté libre de locuras, pero, a mi entender, hay locuras y locuras, y las que inducen a automutilarse son de las que se acompañan de una autoestima por los suelos. Hay que estar muy mal en la vida para someterse a cualquier tipo de cosa que sea definitiva, pero si, encima, esa cosa afecta al templo que es nuestro cuerpo, entonces, al estar mal hay que añadir el ser un idiota sin remisión.
Claro que hay que considerar lo del factor moda. Personalmente no creo que sea necesario realizar test para establecer el IQ -Intelligence Quotient- de una persona. Basta, pienso, con comprobar su attachment a las modas del momento. Apostaría la cabeza, es un decir, a que hay una relación inversamente proporcional entre ese attachment y el coeficiente intelectual. Y no por nada sino porque acogerse a la moda es sinónimo de querer afianzarse sin tener que realizar el menor esfuerzo. Normalmente, para estar en la onda solo hay que sacar la visa y pagar. Eso es todo lo que se requiere para poder conectar para autoafirmarse mutuamente con los que hacen lo mismo. Lo veo todos los días cuando salgo a pasear por el Pesquero a última hora. Allí, excepción hecha de los que pescan, que no rechistan, todos los demás es gente que se aglomera para cambiar impresiones sobre sus perros. Les han dicho por activa y por pasiva que tener un perro estimula mucho la inteligencia y, ellos, han captado el mensaje. Me gusta escucharles porque da la sensación de que lo saben todo no solo sobre perros sino también sobre la vida. Claro que recoger cacas por la calle cuatro veces al día se supone que debe ser el equivalente al hacer un postgrado en una universidad de postín. Pero, en fin, cualquier moda, yo qué sé, ir a tomar copas por la noche sin ir más lejos. Una vez estuve en la Plaza Cañadio acompañando a mis amigos y quedé horrorizado. Aquello estaba lleno de funcionarios que también es otra moda. La del "tu, hijo, lo primero algo seguro", concretamente. ¿Es que puede haber algo menos inteligente que lo de creer en la seguridad? Pero así están las cosas, quitas a una ciudad de provincias todos los que viven de la función publica... ¡apaga y vámonos!
En fin, por hoy ya está bien de homilía. Me voy a poner con el scherzino que ya casi me sale de corrido... de corrido mexicano, claro está.
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