viernes, 15 de julio de 2022

Manuel María Ponce

Decíamos ayer que el arte, si nos libera de los abstractos ídolos de la costumbre, también nos libera de las ideas generosas y de las preocupaciones sociales -también ídolos... o, si mejor quieren, sueños de una indigestión del espíritu.

¡Cuánto daño no habrán hecho todas esas películas hollywoodienses sobre la revolución mexicana! Siempre con su mugriento trasfondo de justicia social. Sin embargo, nunca se les ocurrió hacer una película sobre Manuel María Ponce que  produjo gran parte de su gigantesca obra musical, precisamente, durante el tiempo de esa revolución. Es como si fuesen hechos paralelos. Que nunca se tocan. Mientras Pancho Villa, Zapata y demás morralla, andaban por allí sembrando el caos y el mito, por su parte, Ponce, saltaba el charco para encontrarse por las calles de Paris con Segovia, Villa-lobos y, así, ensanchar la realidad de su propia alma, la única que existe. Fruto de aquellos encuentros, sin ir más lejos, es su Concierto del Sur para guitarra y orquesta... pensando en Segovia, bien sure, que es que no hubo compositor que le viese tocar que no quisiese escribir algo para él. 

Para mí, como les decía, escribió el scherzino. Sigo subiendo por sus empinadas laderas, como aquel día no lejano que subí al Curavacas con Pedro. Un recuerdo imborrable porque por entonces pensaba que tales objetivos ya me estaban vedados por edad. Y sin embargo coroné sin más efectos secundarios que unas agujetas que fueron por unos días testigos secretos de la hazaña. No sé cuándo coronaré el scherzino, pero, en cualquier caso, estoy en el último repecho. Y por eso me demoro perezoso en sus praderas floridas. Ya no tengo prisa por terminar. Que dure el viaje lo que dure dura, como se suele decir del amor.

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