jueves, 7 de julio de 2022

Hasta que Dios quiera

He bajado de la red la partitura del Scherzino Mexicano de Ponce y luego iré a que me la impriman. Es una pieza que maltoqué en tiempos lejanos y no veía la hora de recuperarla. Y ahora que ya tengo La Catedral y Un Día de Noviembre más o menos en el bote es el momento. Y es que ya es lo que me va quedando, mi juego de guitarras y poco más. Y gracias que le doy a Dios por ello. 

Bajo a desayunar al sol. El pincho de tortilla y tal. Me llevo el libro de las ocurrencias. La gente lo conoce como Vidas de Filósofos de Diógenes Laercio, pero, la realidad es que es un libro de ocurrencias de entre las cuales algunas son aprovechables y la mayoría simple babardeo. Lo uno por lo otro, entretiene. Diógenes, no Laercio sino el que vivía en un tonel y le dijo a Alejandro que se apartase que le estaba quitando el sol, alababa a los músicos sin importarle lo malos que fueran. A uno le llamó gallo. ¿Por qué me llamas así? Porque haces levantarse a la gente. Para irse, se sobreentiende.

Llego a casa y me pongo con el Scherzino, pero no llevaba con él ni dos minutos cuando me llama Santi. Me lleva a dar un paseo por la universidad en la que trabaja. Es un campus bastante impresionante, pero, desde nuestra perspectiva, todavía lo es más su origen. Fue fundada por un tipo que ganó un inmenso dineral al inventar una válvula que llevan todas las televisiones del mundo. Por eso en el centro del campus hay un edificio con una torre que recuerda a la válvula. Es una universidad concebida como un negocio familiar. Yo pongo el dinero, yo soy el rector. Y mi hijo me sucede. Luego tengo un gerente para que la gestione. Como si fuera Amancio Ortega el uno y Pablo Isla el otro. 

Por lo demás la vida sigue y los años van cayendo. Hasta que dios quiera, como se suele decir. 

2 comentarios:

  1. Fue un placer enseñarte mi campus. Una pena que se nos hiciera de noche y no pudiera mostrarte la casa del antiguo rector, que es realmente de ver. Para más adelante.
    A medida que pasan los años, como a Sancho (o a Don Quijote al final de su vida), cada vez recurro más al refranero y pienso que hay pocas verdades más comprobables como eso de que el ojo del amo engorda al caballo o lo de que el infierno están empedrado de buenas intenciones. Y lo digo, claro, por eso que cuentas de mi universidad. No es que sea ni Harvard ni Oxford, pero si la comparo con lo que me cuentan de las universidades públicas españolas y todos los despropósitos que sufren a manos de políticos ("Socialistas de todos los partidos"), sí me lo parece...

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  2. Toda una experiencia la de esa universidad que ya pondrán buen cuidado las autoridades en curso para que no trascienda.

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