Vivo en la rutina más absoluta y sin la menor ansia de expectativas. Ya lo único que pido a los dioses omnipotentes es que no me atormenten los recuerdos porque es algo que, estoy tan tranquilo y, ¡zas!, ahí que salta uno que me revuelve las tripas. Pero cómo pude ser tan imbécil, me digo entonces y, tras el primer arrebato, echo mano de mi erudición y me consuelo pensando que los hombres no somos dueños de nuestros actos: hacemos siempre lo que el destino tiene dispuesto para nosotros. Y, sigo pensando, ¡pues vaya mierda entonces!, porque, de ser así, en qué nos diferenciamos de las plantas salvo en que sufrimos más. Aunque tampoco sabemos lo que pueden sufrir las plantas.
Así y todo, la vejez, sin excesivos dolores, no está mal. Contemplas el mundo y callas porque sabes que cada uno lo entiende en función de sus experiencias. O de la capacidad que tiene para analizar sus experiencias. Porque sin ellas nada hay que hacer: nadie escarmienta en cabeza ajena y de ahí que nada haya más falso que ese concepto de educación que venimos arrastrando desde lo que se dio en llamar la Ilustración. A la gente le puedes enseñar matemáticas y lengua, pero nunca a ser prudente. Eso o naces con ello por don divino o lo adquieres a batacazos. Y por eso es, porque la vida es batacazos, que la vejez, salvo en los muy necios, suele ser el reino de la prudencia.
"Ratio et prudentia" curas, non locus effusi late maris arbiter, aufer"
(Es razón y prudencia lo que disipa nuestras penas y no los lugares desde los que se divisa la extensión de los mares,)
Y ya, por seguir con la erudición para afianzarme, recurro a Pla.
"Les il-lusions d´Hermos son terrestres. Es un home anterior a Plató, inventor de l´idealisme- de les il-lusions ideals. El mal que ha fet aquest invent, el dolor estèril que ha produït! Las seves il-lusions són terrestres..."
Y ya, en plan de rematar, lo que decían las viejas en Castiella:
"Quien bien se siede non se lieve"
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