Desde luego que mirando en YouTube uno se da cuenta de la cantidad de gente admirable que hay por el mundo. También gente asquerosa, por supuesto, pero son los menos, aunque, como ya sabemos desde los inicios de la creación, el mal se propaga a velocidades infinitamente mayores a las que lo hace el bien. Así y todo, hay personas que, por lo que sea, parecen inmunes a esa propagación del mal. A la postre, son los salvadores del mundo. Todo el cine del Oeste trata, precisamente, este asunto.
Las películas del oeste, y las novelas, incluidas, por supuesto, las de Marcial Lafuente Estefanía, vienen a ser todas ellas remake del Antiguo Testamento. El Dios justiciero siempre se pone del lado del bien, o sea, de los valores implícitos en las tablas que Moisés bajó del monte. De hecho, si han sido capaces de fijarse, no hay película o novela del oeste que no acabe con el triunfo del bien sobre el mal, que no es, por cierto, lo que suele pasar en la vida real, pero, personalmente, quiero pensar que se le aproxima bastante. La gentuza, por mucho coche y mariscada que aparente, sé, a ciencia cierta, que lleva una vida miserable.
Pensaba en estas cosas porque suelo escuchar los parlamentos que hace un señor extremeño de la parte de la Sierra de Gata, Torre Don Miguel, desde unos berrocales que tiene en un rincón de su finca. El lo llama, y nunca mejor dicho, la Atalaya de la Reflexión. Desde allí lanza verdaderas homilías que dan para pensar un buen rato. Por él, y por su hija Nazaret de la que ya les he contado, me voy enterando de lo que es la vida en el campo y, sobre todo, de lo que es la difícil ciencia del sentido común, esa que, si no se hereda, ya te puedes ir olvidando. Este señor, Feli Martín lo ha heredado a raudales y, diría yo, lo ha enriquecido y, para redondear, lo ha sabido trasmitir a su descendencia, la citada Nazaret. Nunca habla de sus estudios, aunque suele aludir con frecuencia a lo importante que es tenerlos. Pero a lo que sí tiene un vídeo dedicado, especialmente recomendable a mi juicio, es a su paso por GOE, Grupo de Operaciones Especiales de las FF.AA.. Un aprendizaje de la vida reservado a los mejores por más duros. Recuerdo que en un viaje a pie que hice por esa región del oeste de la Cordillera Central, donde se ubica precisamente la Sierra de Gata, me encontraba continuamente con grupos de esas fuerzas especiales que andaban por allí entrenándose. Por los años que hace y la edad que tiene Feli no me extrañaría que fuese él alguno de aquellos muchachos.
Gente así es la que en las pelis del oeste defiende al presunto delincuente de las iras de la chusma. Porque esa es la idea tanto del Antiguo Testamento como de las películas del oeste, que la historia del mundo es una continua lucha de los cuatro sensatos para neutralizar el resentimiento y ansias de venganza de la inmensa mayoría. Y es que, la mayoría, a qué engañarse, lleva una vida perra que de forma natural busca resarcimiento en la maldad. El porqué de la vida perra ya es otra cuestión que daría para escribir toda una enciclopedia.
En fin, ¿saben qué? Pues que me voy a desayunar ahí abajo para coger fuerzas antes de ponerme con las tres piezas que ya casi tengo en el bote: La Catedral, Un Día de Noviembre y Scherzino Mexicano. Solo por aprender estas piezas ya me valió la pena seguir vivo. Es un decir.
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