lunes, 11 de julio de 2022

Parábolas

El conde Lucanor siempre anda atribulado por los típicos problemas del hombre poderoso, es decir, los inevitables miedos del que tiene mucho que perder. Afortunadamente para él siempre tiene a mano al sabio Patronio para solicitarle consejo. Y Patronio que, como les decía, es muy sabio, para curarse en salud nunca va derecho al grano sino que contesta al conde usando el conocido subterfugio de la parábola. O sea, de una manera que aunque parece directa a primera vista si la ocasión lo requiere se presta a variadas interpretaciones. Pero, bueno, en el caso del conde Lucanor, para que el libro quede redondo, los consejos de Patronio son seguidos al pie de la letra con inmejorables resultados. Y entonces el conde, para que no se pierda la enseñanza, deja constancia del suceso en un par de versos a guisa de refrán. 

El caso es que uno como no tiene a quien acudir con sus cuitas para que le suelte la correspondiente parábola, pues se las tiene que sacar de la manga ya sea inventándolas ya copiando de la vida real. Así es que andaba yo un poco resentido con los dioses del Olimpo, musas o como mejor quieran ustedes, por lo poco dotado que me han hecho para la cosa de la música. Con todo lo que he insistido me parece a mí que los logros son muy magros. Sobre todo porque veo lo que veo por ahí y comparo. Tiendo a pensar que cualquiera me supera, así que, la verdad sea dicha, no sé de dónde me salen las fuerzas para seguir insistiendo. 

Sin embargo, ni es oro todo lo que reluce ni los dioses suelen dejar de tomarse la revancha con quienes tanto favorecen. Como dice el refrán: a quien más favorecen para mayores trabajos le guardan. Y así voy y me entero de lo de Raphael Rabello, un guitarrista brasileño superdotado del que en YouTube hay todo el testimonio que quieran, desde la temprana infancia hasta su muy prematura muerte. Por lo que sea, los dioses quisieron cebarse en él de forma que pareciera que en la misma proporción que dan quitan si no les agrada su inversión. El pobre chaval tuvo un accidente que le dejó malparado el brazo derecho. ¡Imagínense, el brazo derecho de un guitarrista! Toda la parte rítmica al carajo. Afortunadamente la cirugía actual hace milagros y consiguió recuperarle el brazo. Pero los dioses omnipotentes habían dado su veredicto inapelable: en aquella operación exitosa le trasfundieron sangre contaminada con el VHI, SIDA para que nos entendamos. Al poco empezaron los síntomas y, como eran los comienzos de aquella macabra historia, nada se podía hacer. Y Rabello enloqueció o cosa parecida. Se dio al alcohol y todo tipo de drogas. Murió de un infarto cuatro años o así después de la operación. 

E porque don Johan -el conde- tovo que este exiemplo que era muy bueno, mandólo escribir en este blog e fizo estos viessos que dizen assí: 

Por quexa non vos fagan ferir,

ca siempre vençe quien sabe sofrir.



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