"No tomando nada en serio, ni considerando que nos fuese otorgada como cierta otra realidad fuera de nuestra sensaciones, a su abrigo nos acogemos, y las exploramos como a grandes países desconocidos."
Como les iba diciendo, he vuelto a las andadas, a El Libro del Desasosiego. Con el rollo ese de los heterónimos. Una conciencia de sí mismo tan intensa que necesita ser contemplada desde fuera, por el heterónimo, para poder ser soportada.
Las sensaciones como única realidad. Existe para Pessoa una erudición de la sensibilidad. Y como toda erudición hay que cultivarla para que dé sus frutos. Consiste, ese cultivo, en restringir el contacto con la realidad y aumentar el análisis de ese contacto. Así la sensibilidad se ensancha y profundiza y ya no necesitamos salir de nuestro cuarto para viajar a exóticos países. Creo recordar que Pascal decía algo parecido.
Luego está el Águia Real, la marca de aguardiente a la que el autor era, quizá excesivamente, fiel. Y con cada comida se ventilaba una botella de vino. Porque el caso es que murió antes de los cincuenta años por cuestiones hepáticas. Pero no bebió en vano. Porque el alcohol tiene mucho que ver con las sensaciones. Agudiza unas, abotarga otras y desata la vida fantasmática, por así decirlo. Da para mucho el mirar por la ventana cuando mantienes cierto puntito de embriaguez. Pero sobre todo da cuando tienes un bagaje. El que te proporciona tener bien digeridos a los clásicos.
En fin, ya veremos lo que me va a dar de sí esta nueva incursión por los heterónimos.
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