sábado, 15 de octubre de 2022

Ave Fénix

Aunque todos los tiempos son finales de algo, no todos son del mismo calado. Éste que estamos viviendo ahora me parece que ya no es que pase de castaño oscuro sino que ya se va haciendo necesario empezar a producir las cenizas que habrán de incubar el huevo del que saldrá un nuevo mundo. Es que hay cosas que no tienen más solución que agarrar las armas. ¿O es que ustedes se iban a quedar tan pichis si les quitan un hijo de doce años para cambiarle de sexo? Pues eso es lo que pretenden en EEUU según una proposición de ley que ha presentado una congresista de origen peruano. Lo primero: ¿cómo puede querer un niño de doce años cambiar de sexo si previamente no le ha comido el tarro alguien, un pofesor de su colegio lo más probable? No, estas cosas no tienen más solución que la justicia por tu mano. Me hago cruces pensando que pueda haber médicos que realizan esas cirugías. Sería a los primeros que habría que colgar. 

Se ha perdido el Norte. ¿Sabéis lo que es el Norte y por qué es tan importante? Pues el norte es la estrella Polar y es tan importante porque nunca cambia de sitio. Tampoco es que eso sea verdad. La realidad es que nosotros siempre la vemos en el mismo sitio. ¿Y saben por qué? Pues muy sencillo porque si usted prolonga el eje sobre el que gira la tierra hacia el norte dará indefectiblemente con ella. Por así decirlo, la atravesará como si fuese un pincho moruno. O sea, que esté la tierra en el grado de giro que esté, siempre la verán el mismo sitio porque el eje la tiene sujeta. Todo lo demás depende del grado de giro. O, si quieren, de la hora, el día o mes, en que observen el cielo. Por todo eso, saber localizar la estrella Polar no solo ha sido siempre de gran utilidad práctica para orientarse en la noche, estés donde estés, también hay que tener en cuenta su inestimable valor simbólico: no saber localizarla es sinónimo de andar perdido por la vida. Recuerdo a un gran amigo que hice en la Cataluña profunda, cuya vida era el desastre más elebarado que se pueda concebir. Una noche, recien acabado el trabajo que nos tríamos entre manos, miró al cielo rutilantemente estrellado y me dijo, aquella es la Polar. ¿Por qué?, le pregunté. Porque es la que más brilla, me contestó. Le dije que las cosas de la vida no suelen  ser así; que el brillo no era sinónimo de importancia. Le enseñé a localizar la Polar y le expliqué el porqué de que siempre estuviese allí. Como era una persona inteligente se hizo con el dato al instante. A los diez días ya había encontrado el Norte de su vida y, en vez de andar como una veleta de aquí payá, con parada en todos los garitos de juego, putas y alcohol, había firmado un ventajoso contrato de mantenimiento con una empresa gasística de ámbito internacional. La última noticia que tuve de él es que viajaba mucho para reparar los naturales desperfectos de cualquier infraestructura en uso. Espero que siga vivo porque el mundo necesita tipos como él. Por cierto, el otro día vi que en la calle Peñas Redondas, en la que viví cuando tenía once años, hay un mural explicando como se localiza la estrella Polar. 

Pues sí, se ha perdido el Norte. Y si no, de que otra forma se puede justificar que en el congreso de EEUU se esté debatiendo una ley tan mostruosa. Pero es que en todos los paises de por esta parte del mundo se están debatiendo leyes por el estilo. Y todavía hay imbéciles que dicen, sin pensar, por supuesto, que eso se soluciona con más democracia. Como si fuese posible desalojar del poder por el procedimiento electoral a los psicopatas que seducen a las masas con sus promesas de cuento de hadas. No hay forma. Solo queda organizarse para desalojarles por la fuerza. De las armas por supuesto. Sí, hay que proporcionar cenizas al huevo para que incube lo que sea que tenga que venir, que seguro será mejor que lo que hay. 

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