miércoles, 19 de octubre de 2022

Pasividad prometéica

Desde luego que me ha costado, pero al final he dado con ello. Me rrefiero a El Choclo. Ya la toco de corrido. Ahora, ya, solo tengo que insistir para coger confianza. En realidad, todo esto de la guitarra no es para mí otra cosa que un mecanismo de evasión y afianzamiento. Evasión por la concentración que exige y afianzamiento por la conciencia de haber superado una dificultad mayor. Y no pongo en duda que existan muchas actividades que proporcionen esas dos cualidades al espíritu, pero apostaría que el aprendizaje de la música es la reina de todas ellas. Por eso es que cada vez entiendo menos que se haya sacado a la música de los planes de estudio. Aunque por otra parte, como conozco a bastantes músicos, me puedo hacer una idea del porqué: es muy dificil manipular a individuos acostumbrados a pasar miles horas en soledad cultivando el espíritu. Gente con una voluntad de hierro y muy entrenados en interrelacionar tónicas con dominantes, subdominantes y un largo etcétera de posibilidades. 

Es curioso, pero desde que empezó todo esto del Estado Social de Bienestar, hace un siglo y medio o así, el máximo interés de las oligarquías dominantes ha consistido en convencer a la gente de que todo lo que no es práctico es una perdida de tiempo. Es el truco del almendruco: quitar herramientas de defensa a la gente, en definitiva. Primero, dijeron, no os preocupeis que yo os educo. Enseñanza púbica, un eufemismo de educar para obedecer. Música fuera, porque es una cosa de romerías. Luego les toco el turno a las lenguas muertas: de todas la mayor perdida de tiempo, nos dijeron y nos sonó a música celestial que nos sacasen de encima esa agonía. Ya solo quedaba la filosofía y la acaban de rematar. 

Los resultados a la vista están. Y más, ya, para redondear, que a los niños les eduquen las mujeres. Así tenemos a esta juventud afeminada y borreguil que adora a sus papás. Bueno, supongo yo que todo esto no es más que el estar encadenados a una roca del Caucaso por haberle robado tanto fuego a los dioses. ¡Ay, quién le mandaría a Edinson inventar el fonografo! No creo que nunca se haya robado a los dioses fuego más devastador. Fue como decirle a la gente: ¿para qué vais a estudiar música si podeís comprar por dos perras toda la música que queráis? Como si la vida fuera una cuestión de pasividad. 

Pues eso, pasividad prometéica. Si Prometeo se hubiese mantenido activo el águila no se hubiera atrevido a acercársele a roerle el hígado. 

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