jueves, 13 de octubre de 2022

Regeneración

Como diría Alonso Quijano, éste es un lance de encrucijada. De aquí no vamos a sacar una ínsula para dársela a Sancho. Nos vamos a tener que conformar con los dolores de cabeza en el mejor de los casos. Nos han querido distraer de la realidad con lo del covid... por cierto que cada vez se alzan más voces exigiendo que los laboratorios nos devuelvan el dinero que nos han robado con las dichosas vacunas. Y ahora están con la opereta ucraniana. Putin por aquí, Putin por allá, pero lo que nadie dice es que Rusia es inmensamente rica y poderosa. Es la ilusión más tonta de todas pensar que se la puede doblegar. Rusia, o Putin, como la llaman ahora, sabe de sobra que solo tiene que esperar un poco para que todo se ponga de su lado. Frío, desde luego, no van a pasar. 

La encrucijada estriba en que cada vez más gente cae en la cuenta de que el actual modelo de democracia no funciona. El Estado que quiere dedicarse a hacer que la gente sea mejor tiene que fracasar por necesidad, no por nada sino porque las idioteces siempre llevan al fracaso. La democracia social de derecho que le dicen, por no decir comunismo enmascarado. Para intentar hacer mejores a las personas ya están las religiones. Están ahí desde la noche de los tiempos y, mal que bien, nos han traido hasta aquí con su palo y zanahoria. Pero el Estado metido a redentor se ha demostrado hasta la saciedad que siempre acaba convertido en la cueva de Alibabá. 

Y en esas estamos, en que los ladrones lo han esquilmado todo y ahora montan un pollo para distraer la opinión. Es inútil. Se tienen que ir. El Estado tiene que dejar de jugar a ser Dios para dejar que el Dios verdadero haga su trabajo. Que eso es exactamente lo que cada vez más gente está pidiendo. Es el conservadurismo rampante que vuelve por sus fueros. Como en el siglo XIX, antes de que los alemanes infectasen al mundo con su putrefacto idealismo. El Estado que mantenga las fronteras seguras y limpie el país de malhechores. El resto, ya nos encargaremos nosotros, los ciudadanos, de que funcione. O sea, democracia sin adjetivos. 

Sí, por mucho que la gente disimule, la realidad es que vienen tiempos duros y conviene ver venir la flecha para que nos hiera menos. Lo de pasarse el día comiendo pinchos a la puerta de los bares se tiene que acabar. Ese dinero hay que ahorrarlo para pagarse una mutua médica y un colegio privado para los hijos. Por ahí empieza la regeneración. 

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