martes, 11 de octubre de 2022

Como niños

Primero me dejaste sin agua, ahora me dejas sin puente, ¡vale!, pues yo ahora te dejo sin electricidad. Es lo suyo que los niños intercambien cromos en el patio del colegio. Y en el entretanto, el invierno comienza a abrir sus fauces. ¡A ver a cuántos se traga esta vez! Desgraciadamente ahora no tenemos a un Tchikovsky para poner música a la epopeya. 

¡Oye!, por aquí, con este clima, todo lleno de turistas. Los paseos junto al mar rebosan de fauna bien alimentada. Me siento en un banco, a la sombra del tamarindo, a ver pasar los barcos. Y, también, a seguir con lo del arcipreste. ´¡Dios, pero mira que somos niños los hombres! Siempre con la hembra placentera a vueltas. Infatigables al desaliento. Levanto la vista y, entre yo y los barcos que pasan, escuadriño a los paseantes. Casi todos emparejados: jovenes, de mediana edad, viejos, con perros, sin perros, y algunos incluso con niños. Esos turistas ancianos, cogidos de la mano a veces: trato de imaginarme sus vidas. Mejor volver al arcipreste:

"Si las manzanas siempre tuviesen tal sabor/ por dentro, como por fuera dan vista y dan color,/ no habría entre las plantas fruta de tal valor;/ pero se pudren pronto, aunque dan buen olor."

Así es la vida, ¡y qué le vamos a hacer! Muy pronto nos resignamos a no poder comer y nos conformamos con solo el olor. Y vamos por el paseo, cogidos de la mano, rumiando los recuerdos.

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