lunes, 10 de octubre de 2022

Hasta en la cama

Es más que probable que, cuando Dios le niega a alguien la inteligencia, el diablo acuda corriendo a suministrarle maldad. Por eso es tan difícil saber qué componente de la una o la otra hay en las personas que obtienen cierta relevancia en este mundo, sobre todo cuando es por medio del poder político. Lo pensaba esta mañana al determe en un vídeo en el que el presidente de El Salvador, Bukele, se estaba dirigiendo a un selecto, y pretendidamente representativo de todos los sectores decentes de su país, grupo de personas que le escuchaban con arrobo y le aplaudían de cuando en cuando con aparente delectación. ¡Hum, esto ya lo he visto yo!, me dije. Por no hablar del discurso, cuyo contenido, punto por punto, era el que tantas veces habíamos escuchado los de mi generación, cuando todavía no nos apuntaba el bozo, al Generalísimo Franco. 

¿Era Franco inteligente como sostienen unos o malo como argumentan otros? ¿O que componente de lo uno y de lo otro? Como sostenía Torrente Ballester, habrá que esperar cien años antes de poder valorar desapasionadamente sobre el particular. Con Bukele supongo que estamos en las mismas. Lo mismo que Franco está consiguiendo unos grandes resultados para su país por el simple procedimiento de usar toda la fuerza a su disposición para someter a los que le disputan el poder. De ahí, la división de opiniones, como pasa con cualquier torero que ejecuta una faena comprometida. 

De la España de antes de Franco ya hemos oído y leído bastante como para saber que era un galimatías en el que se podía perder la vida por un quítame allá esas pajas. Todos tenemos en la familia una historia que contar al respecto. Lo de El Salvador, por el estilo hasta que llegó Bukele y mandó parar. Y la cosa no es de ayer, que en el año 59 del siglo pasado tuve yo un compañero de pensión en Valladolid que era de ese país, el cual, entre otras cosas tenía una gran cicatriz en la cabeza, al parecer de un machetazo, y otras varias por el cuerpo, que nos solía enseñar levantandose la camisa, resultado de las balaçeras en las que había participado. Era un tipo muy agradable y elegante, casado con una rubia de bote que era la que le solía traer todas las noches a la pensión borracho como una cuba. Porque bebía ginebra como si fuese agua. Y el caso es que estaba en el último año de la carrera de medicina: era un misterio para todos como podría haber llegado hasta allí. Bueno, una golondrina no hace verano, ni un salvadoreño la historia de El Salvador. Pero los indicios, indicios son.

Habrá que esperar para ver. Cien años al menos. Porque, miren, servidor, que ya se acerca a esa fatídica cifra, tuvo y tiene para todos los gustos. Creí en los inicios, o sea, cuando uno no sabe de la misa la media y se consuela de sus insuficiencias por medio de la rebeldía, que Franco era un dictador miserable. Después, ya bien adulto, pensé que había sido el verdadero artífice de la modernización de España. Ahora, con más escamas ya que saquito y con los colmillos más retorcidos que un mamut, pienso que Franco fue pan para hoy y hambre para mañana ya que toda esta mierda socialdemócrata que nos está aruinando la vida en estos días que corren es la verdadera obra de su mandato. Antes de él, el Estado no era Dios. Fue él el que le elevó a esa categoría insoportable. O sea, que desde mi particular perespectiva, mejor que no hubiera existido. A lo mejor así, Dios seguiría siendo lo que tiene que ser y los políticos no osarían metérsenos hasta en la cama. 

2 comentarios:

  1. Pues como a mí , querido Pedro. De joven, como todos, tenía ínfulas de Intilimani, Victor Jara y otras tonterías por el estilo. Luego lo ví claro(no había que ser un águila) y me empezó todo a resbalarme que no veas.Yo no me puedo imaginar qué hubiera sido de nuestro país sin el Centinela de occidente. Pero si llega a caer en manos de Negrín , Largo Caballero, Pasionaria , etc... pues no se, hijo, dónde hubieramos acabado

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  2. Pues no lo sabemos pero lo podemos imaginar a juzgar por los países que se han dejado seducir por ese sueño.

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