Hay una familia en Torre Don Miguel que ha decidido vivir en el escaparate. Gravan todo lo que hacen y luego lo colocan en YouTube. Reconozco que me tienen enganchado. Y apesadumbrado por no haber dedicado mi vida a tareas agropecuarias. Ya sé que está considerada como una de las formas más duras de subsistencia, pero quienes tal piensan se olvidan de que el tener todo el tiempo ocupado en tareas diversas es quizá la mayor bendición que te pueden conceder los cielos. Así, todas las preocupaciones se fundamentan en la realidad y, por tanto, tienen una salida que solo requiere más ocupación. Desde luego que no se me pasa por la cabeza que esa familia tenga que acudir al médico a por pastillas para dormir o calmar la ansiedad.
El aburrimiento imposible, por un lado, y por otro la no dependencia, o dependencia mínima. Ese es para mí el quid de que después de generaciones de vida ciudadana sigamos manteniendo intacto el mito de la vida campestre. No tener que ir al super a por comida ni depender de una multinacional para calentarte. Y, ahora, con las placas solares te puedes hasta desconectar de la red. Por lo demás, todo lo relacionado con el mantenimiento te lo solucionas tú porque lo aprendiste viendo a tu padre hacerlo, lo mismo que él lo aprendió del suyo. Sí, es impresionante la cantidad de conocimientos que Feli, el padre, le ha trasmitido ya a Nazaret, la hija que anda por los veintitantos.
Escuchar el razonar de Feli o Nazaret es algo que nadie se debiera perder. Es todo pegado al suelo o, si mejor quieren, en sintonía con la ley natural. El otro día, por poner un ejemplo, alguien le reprochó a Nazaret su forma poco culta de hablar. Pues ahí tienen ustedes un video en el que Nazaret se despacha sobre las lenguas que hasta el mismo Pascual si la escuchase se quedaría maravillado. Me hizo sospechar que, a buen seguro, Nazaret habrá pasado por las aulas de la cercana Salamanca antes de haber escogido esa vida pastoril al estilo de Salicio y Nemoroso.
En fin, que comenzara uno a vivir de nuevo y ni por asomo me pillaban a mí en la ciudad. Bueno, quizá para aprender algo y luego volver al campo a ejercer de lo aprendido. Aunque, para que eso hubiese podido ser, quizá tuviera que haber nacido cien años antes.
he visto un par de capítulos, por recomendación tuya. Come siempre en el clavo ,gracias Pedro
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