Por lo visto el multimillonario Elon Musk ha comprado una red social de las más importantes y que, por lo tanto, más ha contribuido a apuntalar la versión oficial de eso que llaman covid, y lo primero que ha hecho ha sido despedir a los altos ejecutivos que habían puesto en marcha la censura de todo lo que difería de esa versión oficial. Como supongo sabrán, ese equipo de censores era tan poderoso que habían negado la palabra hasta al mismísimo presidente de los EEUU de América. Bien, pues se podría decir que a esos cerdos ya les llegó su San Martín, pero luego vas y te enteras de que para poder expulsarlos han tenido que dar, según contrato firmado, cien millones de dolares a cada uno. ¡Pues anda que no!
Cada vez me parece más curiosa la vida que lleva esa gente que anda por lo que se conoce como las alturas. Y es que ya saben que por las alturas la tensión de oxígeno es muy baja lo que obliga a un periodo de adaptación que en esencia no es más que el que se necesita para producir un espesamiento de la sangre. La naturaleza, en principio, tiene remedios para todo, pero lleva su tiempo y los remedios nunca son perfectos: la sangre espesa produce no pocos problemas al organismo.
Por eso es que, desde que dediqué unos años al estudio de la fisiología, nunca se me ocurrió vover a tener algún tipo de envidia o admiración por esa gente que, como se suele decir sin mucho fundamento, rigen nuestros destinos. No, si algo me suscita esa gente es compasión. Sometidos siempre al stres orgánico inherente a los compromisos. Cagar, mear, comer, dormir, en los intersticios entre compromiso y compromiso. Eso no es vida. Es quererse muy poco a uno mismo. Y, luego, que lo de regir destinos ajenos no es más que una ilusión producto del espesamiento de la sangre. El destino es cosa entre Dios y cada uno. No hay forma de romper ese contrato sin precipitarte en los infiernos.
En definitiva, me parece de perlas que Elon Musk haya actuado de intermediario de Dios para arrojar al pozo de la irrelevancia a esos soberbios que han pretendido imponer su verdad al mundo. Es un pequeño detalle más de cómo la justicia divina siempre acaba por imponerse. La mentira puede hacer mucho daño cuando va de camino, pero su camino siempre va a dar al precipicio. Una vez despeñada queda el campo libre para buscar la verdad que, por naturaleza, es huidiza, vulnerable y efímera. Por eso conviene evitar los entusiasmos y refugiarse en la prudencia que es lo que menos falla. Vamos a ver ahora si esa red social sin censores es un pequeño paso para la humanidad o un cuento más para mantenernos entretenidos y esperanzados.
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