Salgo a pasear con Juan Ruiz y raro es que no me eche unas risas. A veces se pone serio, pero lo normal es que me hable de mujeres que, al fin y al cabo, son el sujeto de los chistes que más nos gustan a los hombres. Nos creemos que las tenemos tan caladas que desvelar sus flaquezas se nos antoja que es una especie de medicina para los dolores de cabeza que nos producen. Son las cosas de la naturaleza que no hay fuerza humana que pueda modificar. Y no será porque no lo hayan intentado y sigan intentándolo todas las iglesias que en el mundo han sido y siguen siendo. Siempre han fracasado estrepetosamente, y seguirán fracasando, por la sencilla razón de que nunca han sido, ni serán, capaces de predicar con el ejemplo. La castidad es, por así decirlo, un imposible metafísico.
De Juan Ruiz se ha dicho de todo, de putero para arriba. El callaltero Menéndez y Pelayo es de los que más se han ensañado con él. Habría que aclarar primero el porqué de que el tal Menéndez le diese al jarro de tal forma que a los 56 el hígado le dijo hasta aquí hemos llegado. Es muy sospechoso lo de esconderse tras el alcohol. Y más sospechoso todavía que un alcohólico acuse de putero a alguien del que lo único que sabe es que sabe mucho de mujeres. ¡Porque vaya que si sabía!
"Cuanto más desdeñada, cuanto más reprendida,/ cuanto más por un hombre golpeada y herida,/ tanto más por él anda muerta, loca perdida;/ solo piensa en la hora de estar con él unida."
Para mí que el Menéndez tenía algún problema de tipo digamos que freudiano. Y opina como opina porque las mujeres le daban tanto pánico que no había adquirido la menor experiencia sobre ellas más allá de su madre. Por eso debe pensar que si Juan Ruiz sabe tanto de mujeres tiene que ser porque es un putero. Ya ven, hasta el mejor escribano echa un borrón.
Supongo que Juan alguna experiencia sí que debe tener. Pero más que nada su sabiduría sobre el tema se debe a que al haber restringido el ambito de sus indagaciones a la mujer le ha permitido profundizar como pocos lo hicieran. Y sobre todo con tanta gracia. Lo que trata de hacer con desenfado es advertirnos de lo importante que es controlar ese asunto so pena de hacer de la vida un infierno. ¡Y qué razón tiene! Claro, ni que decir tiene que su desenfado le ha traído la enemiga de los enganchados en ese estúltico vicio. ¡Por que míra que te llegas a sentir idiota al contemplar los restos de la batalla que creíste haber ganado!
Por lo visto los curas de la parte de Talavera se han sentido muy aludidos, y ofendidos, y han empledo su poder de manada para dañar a Juan en la medida en que los que piensan mal y poco pueden dañar al que piensa mucho y bien. En cualquier caso, debemos estar agradecidos a esos curas talaveranos porque sin su dañino rencor es probable que Juan nunca se hubiese recluido y puesto a escribir semejante compendio de diversas sabidurías sobre los avatares de la vida.
Imagino yo que, en aquellos tiempos de Juan Ruiz, sin TV, internet ni teléfonos , a la peña le diera mucho por el puterío, la farra y todo lo demás.
ResponderEliminarNo sé cómo será ahora porque con estas generaciones educadas por mujeres parece que hay mucho afeminamiento. Pero lo del puterio, la farra y todo lo demás ha sido omnipresente desde tiempos remotos hasta por lo menos mis tiempos de estudiante en Valladolid, allá por los cincuenta/ sesenta del siglo pasado.
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