En realidad, si Socrates hubiese sido tan listo como dice el mito, en vez de decir "solo sé que no sé nada", tendría que haber dicho algo así como: ni siquiera sé si sé algo o no sé nada. Porque si piensan su respuesta se darán cuenta de que so capa de una hipócrita humildad se esconde la misma arrogancia que la del que blasona de saberlo todo. Así son las cosas, que la humanidad lleva 2.500 años celebrando como el sumun de la ingeniosidad lo que no es más que una pavada intrascendente.
Es curioso esto del saber y sobre todo lo de ser consciente de lo que se sabe. Sigo leyendo a Pessoa por donde anda entretenido tratando de lo que diferencia a los hombres de los animales. Dice, apoyándose en un tal Haeckel, que hay mucha más diferencia entre un Kant o Goethe y el hombre vulgar que entre el hombre vulgar y el mono. Lo que me gusta del siglo XIX, antes de que llegasen los socialdemocratas a apoderarse de todo, es que la gente decía lo que le daba la gana y no pasaba nada. Yo, desde luego, no creo para nada en eso que dice Haeckel, porque hasta el que parece el más vulgar de los hombres, puesto en determinadas circunstancias, puede resultar más atractivo que Kant o Goethe puestos en esas mismas circunstancias. Pero eso no quita para que pensemos en las terribles diferencias entre los hombres en las que natura se complace. Conceit in weakest bodies strongest work, suelta Hamlet. La mala hostia trabaja duro en los escuchimizados, para que nos entendamos. Orgullo, amor propio, soberbia, petulancia, intolerancia, intransigencia y, ya, cuando se riza el rizo, la hipócrita humildad. No no creo que haya muchas diferencias entre los hombres y, por contra, infinitas entre el más zoquete y el mono. Lo que pasa es que hasta que no pintan bastos nos pasamos lo más de la vida actuando como los monos, sin ser conscientes de nuestra conciencia. Seguimos la moda y punto. Porque la moda nos hace olvidarnos de nosotros mismos sin tener que realizar el menor esfuerzo mental, o sea, puro instinto animal, o mejor si quieren, hipócrita humildad que es la quinta esencia del espíritu, por así decirlo, socialdemócrata: mirar la berza y coger el tocino, que por eso se llama así este blog. Pero, de pronto, como digo, pintan bastos y el hombre se hace consciente de que es consciente y empieza a pensar como esquivar los bastos, lo cual suele ser bastante doloroso. Porque conciencia de ser consciente y dolor sueler ir juntos en el paquete. Suelen, digo, porque el que no necesita bastos para tener conciencia de su conciencia suele utilizar esta herramienta a beneficio de inventario, o sea, para disfrutar de la vida. En fin, pajeo mental tan necesario para sortear los sinsabores de la vida.
Porque el caso es que haberlos, hailos. Venimos de una reciente ordalía, todavía en curso, y hemos visto y continuamos viendo, como son los diversos comportamientos de los humanos. Los que han cuestionado y los que han corrido a inocularse. El mundo ha vuelto a encontrar una cisura insalvable. Ayer en el parlamento europeo quedó demostrado negro sobre blanco que esa cisura se fundamenta en una mentira abominable. Bueno, que cada cual saque sus conclusiones... aunque la mayoría, supongo, esperará a la moda para saber cuales tiene que sacar. Monos al fin y al cabo.
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