sábado, 29 de octubre de 2022

Doña Cuaresma

Voy a desayunar al Suizo y me demoro allí leyendo el combate que tuvo Don Carnal con Doña Cuaresma. Me parece que ese texto es una joya donde las haya. Pero, aparte de eso me suscita una serie de interrogantes sobre la perdida, o cambio de sentido, que sufrieron las tradiciones que nos configuraron como cultura original. Todo su componente de sacrificio se fue al carajo para dejar corregida y aumentada la digamos que parte lúdica del asunto. La lúdica que incluye su componente comercial. Hoy día, una tradición no es más que algo que aumenta las ventas por unos días. 

Aquellos ayunos y abstinencias de carne y caldo de carne por unos días, cuarenta en total, eran una ascesis que, a buen seguro, favorecía cuanto menos la salud del cuerpo y, posiblemente, también la del espíritu. Tenía que ser un tormento para los glotones. Aunque ya, por los años sesenta del siglo pasado, cuando andaba yo por Madrid con lo de los estudios, pude darme cuenta de que las nacientes clases acomodadas sorteaban esa abstinencia de carne y caldo de carne de los viernes de Doña Cuaresma, yéndose a comer una mariscada que, no solo era más letal para la salud que el abuso de la carne, es que, adémas, costaba un riñon, lo cual le daba un componente de soberbia de lo más regodeante. Era algo que marcaba las diferencias, máxima aspiración, como bien es sabido, de todos aquellos que no se gustan lo suficiente a sí mismos. 

En resumidas cuentas, que no veo yo que hayamos ganado gran cosa con los cambios que nos traido la modernidad. El haber suprimido el componente de ascesis de la vida sin lugar a dudas nos limita en muchos aspectos porque nos hace más blandos. Al final ves por ahí a todos esos jóvenes tan nonchalances en apariencia, pero que todo es nombrarles la bicha y corren como locos a ponerse la mascarilla. No, no creo que hayamos ganado gran cosa.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario