viernes, 21 de octubre de 2022

Renuncia

 Aunque no sepa si sé algo o no sé nada, eso no me va a impedir estar convencido de que las siguientes palabras que les voy a transcribir debieran estar gravadas con letras de oro en todos los frontispicios del mundo mundial:

"Me duele en la inteligencia que alguien juzgue que altera alguna cosa agitándose. La violencia, sea cual sea, fue siempre para mí una forma desmigajada de estupidez humana. Además, todos los revolucionarios son estúpidos, como, en menor grado, por menos incómodo, lo son todos los reformadores.

Revolucionario o reformador - el error es el mismo. Impotente para dominar o reformar su propia actitud ante la vida, que lo es todo, o su propio ser, que lo es casi todo, el hombre huye hacian un querer modificar a los otros y al mundo exterior. Todo revolucionario, todo reformador, es un evadido. Combatir es no ser capaz de combatirse. Reformar es no tener enmienda posible. 

El hombre de sensibilidad justa y recta razón, si se siente preocupado con el mal y la injusticia del mundo, procura evidentemente enmendarla, primero en aquello en lo que ella más próxima se manifiesta; y eso lo encontrará en su propio ser. Esa obra le llevará toda la vida."

A ver quién es capaz de convencer de semejante evidencia a todos los imbéciles que andan por ahí sueltos pretendiendo, unos, organizarnos la vida, otros, que se la organicen. Comprendo que las cosas son como son porque Dios en su infinita sabiduría y poder así lo ha querido, pero eso no me impide recordar que en cierta ocasión ese mismo Dios les dijo a los israelitas que lo peor que podían desear era que alguien les gobernase. Y, a continuación, les dio un buen ramillete de razones de por qué era tan mala esa elección. Más o menos les vino a describir todas extorsiones a las que nos vemos sometidos hoy día los que vivimos en estos que dicen estados de derecho e, ironías de la vida, también de bienestar. Y para rematar les dijo: está bien, os daré un gobernante, pero luego no vengáis a quejaros porque no os voy a escuchar. 

Y así es como estamos, los extosinandos clamando al cielo inútilmente y los extorsionadores consumiendose en en fuego de su propia ambición. Allá todos ellos, que con su pan se lo coman. Con lo fácil que es hacerse a un lado. ¡Pues anda que no hemos tenido maestros al respecto! Renunciar es vencer. No hay otra sabiduría en el mundo. 

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