Creo haberle oído decir a Torrente Ballester que escribir sobre uno mismo es bastante miserable. Desde luego que él escribió mayormente ficción, pero, luego, tuvo un hijo que le salió rana y, como el maestro Martínez, lo contó todo porque había estado allí. En fin, servidor no va a entrar en la cosa de la miseria porque, entre otras cosas, he escrito, casi infinito, sobre mí. Y no me arrepiento nada. Al revés, pienso que pocas cosas me han servido tanto para aliviar mi siempre atribulada psique. Otra cosa será lo de hacer público lo escrito, y a eso me imagino que sería a lo que quería referirse Torrente. Al respecto, el Dr, Johson alababa la costumbre de escribir memorias, pero para uso personal y teniendo siempre un amigo de confianza encargado de quemarlas en el caso de que al autor le ocurriese cualquier imprevisto desagradable.
Pero también tengo alguna experiencia en lo de escribir ficción. Quizá no haya nada en este mundo para conseguir esa absurda, pero insoslayable, aspiración humana de inmortalidad como escribir ficción. Y, de no ser así, díganme ustedes a qué otro, sea rey o sea porquero, se recuerda de la época de Homero. Por no hablar de Cervantes o Shakespeare, ¿Hubo alguna vez personajes más universales que ellos de quinientos años para acá?
Y es que la ficción es crear mundos nuevos. O sea, lo que hace Dios, el más inmortal de todos los seres... aunque tampoco mucho, porque:
"La vida pasa. ¿Qué queda de Bagdad y de Balk?
El menor tropiezo es fatal a la rosa demasiado abierta.
Bebe vino y contempla la luna
evocando las civilizaciones que ella ha visto apagarse."
En cualquier caso, les puedo asegurar, pocas experiencias he tenido en la vida como la de escribir ficción. Creas personajes y les pones a interactuar entre ellos. Al principio, no te cuesta controlarles, pero pronto empiezan a cobrar vida propia y solo puedes seguirles la pista. Y a veces te hacen gracia y, otras, te desquician. Es como una inmersión en otra realidad de la que no puedes escapar hasta que ya no te queda la menor curiosidad por satisfacer.
En fin, perdonen que hable tanto sobre mí, pero es que, como es al que mejor conozco... o eso me parece.
Gonzalito..buena pieza era... Solía pasarse por el Formentera, a ver si le caía alguna copa. Qué tiempos.
ResponderEliminarSí, me metió un pufo, pero poca cosa por comparación con todo lo que aprendí de él. Aquel tío era un manual de todo lo que no había que hacer.
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