jueves, 20 de julio de 2023

Humareda

Los escasos conocidos con los me encuentro, aquí en el barrio, indefectible me dicen que el domingo hay que ir a votar. Pienso que algo hemos mejorado, porque hace un par de años o así te decían que había que ir a vacunarse. Yo, con lo de la vacuna, me callaba porque aquello tenía tintes muy siniestros, pero respecto a lo de votar les digo que si me ven cara de haberme caído de un guindo. Porque de no haberte caído es difícil que puedas estar tan atontado como para creerte este circo. Escoger entre Pedro Sánchez, un guaperas sin luces, o ese gallego que quería meter en la cárcel a los que se resistían a lo de la vacuna.  La verdad es que no veo motivos para que no se me dé una higa que gane el uno o el otro. De hecho, ni siquiera cuando pasamos de aquello que llamábamos dictadura a esto que dicen es democracia noté cambios significativos en el cotidiano transcurrir de las cosas. Quizá, lo único, que las mafias que ostentan el poder se han sofisticado un poco para mejor camuflarse. Por lo demás, en ellas estaban, y en ellas están, lo peor de cada casa. Lo que no sirve para desenvolverse por sus propios medios y busca el amparo de la estructura para sobrevivir. En el fondo, más que nada, dan pena. 

Lo que para mi cuenta en estos momentos o, para decirlo más propiamente, lo que ayuda a mi entretenimiento, es la nube mental que, como les decía el otro día, está descargando su rayo sosegado. Y, poco a poco, va infiltrando todas las capas de la sociedad. Y cada vez se hace más evidente que, al final habrá que levantar cadalsos en las plazas públicas para apaciguar las indignaciones que van subiendo como la espuma a medida que la realidad se abre paso entre la humareda de la verdad manipulada. Conviene recordar al respecto las conversaciones entre el papa Urbano VIII y Galileo: el papa quería convencer a Galileo de que una cosa es la verdad y otra la realidad. Y Galileo le contestaba que eso es así solo para los vendedores de humo. Al final, Galileo, que entendió perfectamente con quién se las estaba jugando, le dijo al papa que para ti la perra gorda. Pero cuando salía por la puerta de la cárcel en la que había estado encerrado iba diciendo por lo bajini que la verdad y la realidad son una y la misma cosa. El humo fuera y sus vendedores al cadalso. Como tantas veces ha ocurrido a lo largo de la historia de la humanidad. 

La verdad que se está abriendo paso entre la humareda provocada por los mafiosos es que todos los años se raptan dos millones de niños para satisfacer la demanda de placer de, precisamente, los más sobresalientes fabricantes de humo. Están tan acostumbrados a que queden impunes sus fechorías que cada día que pasa monten d´un cran sus repugnantes caprichos. Para ellos nunca están suficientemente prietos los culitos y así es que bajan y bajan la edad de la carne por donde la quieren meter. Y claro, como los destrozan en cuatro días, y por otra parte están tan concienciados con lo del reciclaje, los despiezan para venderlos en el mercado de órganos. Por así decirlo, están a todas.

En fin, ya saben, ahora toca decir que todo es conspiranoia. Conspiranoia, extrema derecha, negacionistas... el surtido de insultos aumenta en la misma proporción en la que la verdad va saliendo a la luz. Pero, claro, mientras la vida siga girando alrededor de los bares... tendremos humareda para rato.

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