domingo, 16 de julio de 2023

Liu

Liu Sivaya, esa chica rusa que habla español mejor que la inmensa mayoría de los españoles, está empeñada en contarnos la guerra en curso en su país desde una perspectiva patriótica, rusa, por supuesto. Hoy nos muestra un concierto de rock, supongo que en Moscú, en el que se ve a una banda en un escenario con tanques y toda la parafernalia de la guerra, cantando una gesta del ejército ruso en la segunda guerra mundial. Y el público delirando de puro gusto, porque hay que reconocer que la cosa no es para menos. Entonces, Liu Sivaya va y dice: los gringos no tienen ni idea de quienes son los rusos. Y, como les decía ayer, si no han leído a Heródoto, todavía menos porque desconocen de dónde les viene la casta.

El caso es que Liu Sivaya tiene montones de seguidores que parecen adorarla. Porque es que además la chica, aparte de inteligente, es muy mona. Así que, por más que se haya intentado por todos los medios desacreditarla, acusándola de estar a sueldo de Moscú y cosas por el estilo, no parece que haya hecho mucha mella en su popularidad, lo cual, supongo, tendrá mucho que ver con el asco que siempre han dado en el mundo hispano los gringos. Porque está guerra que todos los medios occidentales dicen que es de Rusia contra Ucrania, cada vez más gente sabe que en realidad es de Rusia contra los gringos. 

Yo no sé, pero a la luz de la historia, diría que esta guerra no tiene otra finalidad que la de debilitar al Estado ruso para que se vea obligado a ceder parte de sus recursos a las empresas gringas. Que Ucrania, que al fin y al cabo es Rusia, quede arrasada, no hace sino mejorar las expectativas. De hecho, por más que Rusia lo tenga todo a su favor en el campo de batalla, es muy probable que en el plano económico se esté resintiendo gravemente. Porque lo contrario iría contra la lógica. Claro que, por parte gringa, tampoco se van a ir de rositas. De hecho, es de suponer que los rusos tendrán algo que ver con todas las revueltas que se extienden por el imperio gringo. 

Porque esa es la cuestión, que en el imperio la cosa está que arde. Tanto que pudiera ser que lo de Ucrania no fuera, a la postre, más que una maniobra de distracción de la opinión pública. Digamos que a todo lo largo y ancho del imperio hay una guerra intestina entre dos facciones irreconciliables: los woke, por un lado, y los QAnon, por el otro. Viene a ser lo de siempre: cuando las cosas se empiezan a torcer, o a escasear la harina, es inevitable el incremento de la inquina entre los que viven de su trabajo, los QAnon en este caso, y los que aspiran a vivir del trabajo de los otros, los woke para que nos entendamos. Luego, claro está, ambas facciones utilizan diversas pinturas de guerra que les caracterizan, digamos que eso es el folklore, pero no se dejen engañar, lo que cuenta es rapiñar o ser rapiñado: dos facciones irreconciliables cuando, como digo, empieza a escasear la harina. O es que ustedes no han caído en la cuenta todavía de que todo eso del orgullo y el sí es sí, y demás mandangas woke, no son más que pantallas tras las que se camufla el arte de rapiñar. 

En fin, todo se mezcla y no hay forma de evitar que de tanto en tanto la mezcla sea explosiva. Es la historia de la humanidad. 

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