Lo cortés no quita lo valiente. Sigo con lo de Casanova que, a la sazón, anda por Suiza enamorado de su ama de llaves que es un prodigio de mujer se la mire por donde se la mire. En su intensa vida social ha conocido a un matrimonio de cultos y adinerados que tiene una hija de trece años que es, no solo es una preciosidad, sino también un elemento de cuidado. El caso es que a la niña le gusta meterse en el dormitorio donde Casanova y su amante hacen sus cosas. Acaban de echar un polvo y la niña le dice a él que repita la jugada. Él le explica que de momento no puede por razones puramente biológicas. Entonces la niña le dice que ella le va a trastocar esas razones por medio de sus habilidosas manipulaciones. No tarda ni dos minutos en ponerle como una moto. Entonces, él, se va a por la amante, pero la amante está saciada y le dice a la niña que como ha sido ella la que ha encendido el fuego que sea ella la que lo apague. Bueno, la descripción del apagado de ese fuego es algo que, en cualquier caso, es imposible leerla sin sentir como te alcanza el fuego. ¡Madre mía! Entonces mandan a la niña a su casa convertida ya en mujer y Casanova se va a visitar a un afamado científico con el que pasa el día intercambiando conocimientos.
El mundo es así. O ansí, como diría Baroja. Va uno por la calle y ve de todo. Por el extremo oeste del barrio hay bares que los fines de semana son un hervidero de lujuria. Mayormente merodea por ellos la colonia hispana, ellas envasadas al vacío. Pero también hay autóctonos. Ayer había por allí, a cielo abierto, una pareja de estos, por la mediana edad, dándose el lote. De pronto, ella se separó, justo cuando yo pasaba, y le dijo al tipo: primero paga. El tipo, pareció quedar descompuesto, como pillado por la sorpresa. ¡Ah, pero entonces...! Por la pinta, no debía tener un duro. En cualquier caso, así es mi barrio los fines de semana.
Ya digo, por la calle, ve uno de todo. Mayormente, gente zanganeando, dentro y fuera de los bares. Los políticos llaman a eso socializar. O sea, ser cada vez más socialistas que es, justo, lo que los políticos quieren que sea la gente. Pero, luego, uno se da cuenta de que dentro de las casas es otra historia. Llego, me acomodo en el ikea reclinable y enciendo el ordenador porque me apetece darme una de comecocos. En el ordenador encuentras cientos de discípulos aventajados de Euclides. En este caso escojo a PreMat:Train Your Brain. Es un tipo indio que acabo de descubrir y que, en cierto modo, supone para mí una vuelta de tuerca de dificultad. Me fascina. Uno ve el enunciado y parece imposible que con tal precariedad de datos se pueda llegar al resultado. Pero sí, siempre se puede llegar. Cuestión, mayormente, de método. ¡Ay, el método! ¡Qué poco enseñados estamos a ponerle en el centro de todas nuestras decisiones! Nos han hecho creer que con la intuición basta. Pero la intuición sin método es un laberinto del que es imposible salir.
A lo que quería llegar es a que en el ordenador puedes acceder a cientos, miles acaso, de portales en los que te proponen resolver problemas matemáticos de todo tipo. Y lo sorprendente es que esos portales tienen millones de visitas. O sea, que si miras el mundo con atención te das cuenta de que no es lo que parece a primera vista: porque muchos son, sin duda, los adoradores de Baco, pero, no nos engañemos, porque los discípulos de Euclides no le van a la zaga. Y es que de no ser así, cómo nos podríamos explicar que existan Mercadonas y prodigios por el estilo.
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