sábado, 8 de julio de 2023

En las mismas

Desde que tengo uso de razón, si es que eso significa algo, vengo constatando que siempre se están produciendo en el mundo determinados fenómenos que parece que lo van a poner todo patas arriba. Y la verdad es que en todo el tiempo de mi vida no ha pasado nada realmente reseñable que no sea que la población se ha multiplicado por tres y pico y, lo mismo, la producción de bienes de consumo. Así es que estamos un poco más apretados, pero, por lo demás en las mismas. Yo, no veo que mi vida haya cambiado respecto a la que llevaba cuando vivía con mis padres en el pueblo. Como, como comía, y tengo, como antaño, quien me venga a limpiar la casa de vez en cuando. Por lo demás, leo libros, escucho música y doy paseos: lo que siempre hice.

Y digo que parece que esos fenómenos, por lo demás normales -un poco de fuego robado a los dioses y cosas así- lo van a poner todo patas arriba, porque hay una casta de humanos que se dedican con denuedo a escudriñar el futuro - como si eso fuese posible- y con lo que creen ver construyen premoniciones que para que se ajusten a sus, por lo general, podridos estados de ánimo tienen que ser negras. Tengan en cuenta que el que está bien en la vida no suele dedicarse a escudriñar el futuro sino a vivir el presente. Así es que, toda esa gentuza, a la postre, no hace otra cosa que darnos pol saco. En esto no ha cambiado nada el mundo desde que es mundo. Hoy los voceros de la catástrofe están en los medios de comunicación en cualquiera de sus versiones y, antaño, encaramados en los púlpitos de las numerosas versiones de iglesias que siempre han existido. Los apóstoles del miedo, todos ellos, el producto más fácil de vender que nunca haya existido y, no por nada, sino porque sin él los mierdas del mundo, que son la mayoría, se desmoronarían. 

Así todo, el que durante mi ya demasiado prolongada vida no haya ocurrido nada de particular, no quiere decir que en un momento dado no vaya a pasar algo que nos vuelva la cara del revés. Pero para mí que esto es como lo del cuento aquel de "que viene el lobo". Pues, miren ustedes, el lobo, que se sepa, nunca vino cuando se le esperaba. Siempre llega por sorpresa. Y por eso es que cuando más en guardia hay que estar es cuando nadie anuncia su llegada. 

Personalmente, pienso que seguiremos en las mismas. Se producirán de continuo pequeñas conmociones que al ser vistas de cerca por los iletrados nos querrán convencer que han sido poco menos que el fin del mundo. Y a los cuatro días todo olvidado y a por la siguiente. Y así, con los pequeños cambios que producen las pequeñas conmociones, nada cambia. Y eso es todo. 

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