sábado, 4 de marzo de 2023

Con K

Debajo de casa hay un Eroski - con k para que no decaiga la ilusión -. Si no ando equivocado, que pienso que no a juzgar por la afluencia de clientes, está a años luz del Mercadona que hay unas cuantas manzanas más allá. A años luz por detrás, bien sure. Eso sí, las cajeras siempre muy preocupadas por si quieres dejar algo para los negritos de África, o los chinitos, que no sé. El caso es que como solo necesitaba un par de cosas he optado por no pegarme la caminata hasta el Mercadona y he entrado al Eroski. Como siempre, apenas había un par de clientes y hacía un frío que pelaba. Al ir a pagar he encontrado que en vez de cajeras hay una máquina que hace las veces. Aunque de fácil manejo, había allí una señorita para ayudar a los torpes. Para concluir: dos o tres empleadas a la puta calle. Gestión empresarial obliga. 

Claro, estos gestores del Eroski son medio curas. De hecho, es una empresa que fundó un cura. Mucho dar para los negritos y, luego, a los empleados que les den. Recurrir a lo fácil, en definitiva. Porque competir con Mercadona en calidad, pues, francamente, no. Por eso fue que el gobierno vasco tuvo vetada en su territorio a Mercadona hasta hace cuatro días. ¡Así cualquiera! El gusto por la mafia que les viene de lejos.

Estoy sacando estas conclusiones un poco precipitadas porque, al estar ya terminando Las Inquietudes de Shanti Andía, me es fácil atar cabos. Tal y como describe Baroja a la sociedad vasca nada puede extrañar que el Eroski sea un desastre. Les sacas del monopolio y no sirven para nada que no sea la delincuencia. De ahí, según Baroja, que solía saber de lo que hablaba, la afición de los marinos vascos a convertirse en negreros. Negrero y católico integrista, lo uno por lo otro, de cabeza al cielo con el riñón bien cubierto.  

En fin, vascos pues. La madre de Shanti Andía, una Aguirre descendiente por linea directa de Lope, el personaje vasco por antonomasia... bueno, quizá Iñaki el de Loyola lo sea todavía más. Tal para cual, en cualquier caso. 

viernes, 3 de marzo de 2023

Ilusiones

En el canal World Dortors Alliance de Telegram, que es mi sola y exclusiva fuente de información sobre lo que se cuece por el mundo, viene hoy una noticia que no por estrambótica deja de tener su miga. Según nos muestra un vídeo rodado en los servicios de un establecimiento, allá, en algún lugar de China, el papel higiénico no es accesible si antes no ha habido un reconocimiento facial del demandante. Claro, uno no es que se fíe de las noticias, vengan de donde vengan, pero, concretamente ésta, me la crea o no, me sirve para reflexionar sobre esa faceta del ser humano que consiste en buscar seguridad por medio del control del entorno.

Bien pueden estar seguros de que nadie se libra de un cierto grado de psicopatía con tal asunto. Fomentar la ilusión de que ningún peligro te pesque desprevenido es el fundamento de una industria poderosísima. Miles, millones, de personas viven de vender seguridad. Lo tienen fácil: todos los medios de comunicación emplean buena parte de su espacio y tiempo en contarnos historias que confirman la maldad que el ser humano lleva en sus genes. 

El caso es que cuando la vida pierde tono y, por tal, se instala en el aburrimiento, entonces, como por ensalmo, se producen brotes psicóticos de inseguridad. Es una de esas paradojas que nos constituyen: cuando menos vida tenemos, más tememos perderla. Y ahí es donde los vendedores de seguridad encuentran su mayor nicho de beneficios. No hay nada que a un aburrido no se le pueda vender. Y si son burros volando, más fácil todavía. 

¡Imagínense, un aparato para identificar a los que han entrado a cagar! ¡Muy fuerte, tío! Pues da igual porque el dueño de ese establecimiento se sentirá más seguro desde que instaló el aparato. Lo mismo que, al parecer, se quieren sentir los gobernantes que han montado todo este rollo plandémico con el único objetivo de instaurar el carné digital. Instaurado el carné, deben pensar, se acabó la inseguridad: la paranoica inseguridad de todo poder en curso. Imposible pensar que pueda haber una ilusión más simpática. 

Ya te digo, como no se ponga de moda, como allí, en el México revolucionario, la caza del tecolote, aquí no va a haber quien pueda vivir a su bola. Bueno, por lo visto, en algunos sitios ya han empezado a destrozar los medios de seguridad que las autoridades colocan por las calles. Es un buen comienzo para acabar con toda esta estúpida ilusión. 

jueves, 2 de marzo de 2023

Marinería

Como les iba diciendo, ando con lo de Las Inquietudes de Shanti Andía. Shanti Andía es un capitán de la marina mercante al que pilla de lleno la gran trasformación que supuso el tránsito de la vela a la máquina de vapor. Por los mediados del siglo XIX. Así es que toda la novela está impregnada de mar y, por ende, de terminología marinera. Para saber lo que es la terminología marinera, un buen procedimiento es leer Los Medios Navales de Alejandro de Farnesio. Lo escribió el marido de mi hermana la pequeña y me lo envió a Salamanca por donde andaba yo a la sazón. Mis amigos salmantinos que curioseaban todo lo que tuviese que ver con libros, lo hojearon y dijeron que solo se entendían los artículos. Nombres, verbos y adjetivos eran todos chino para ellos. Yo les comenté esto a mi hermana y cuñado y no tardó en llegarme el Diccionario Marítimo Español del Capitán de Fragata Timoteo O´Scanlan, cuya primera edición se hizo en 1831. Es un libro precioso, encuadernado en piel y que te soluciona las dudas en español, pero también en inglés, francés e italiano. 

A lo que iba, que sorprende el dominio que exhibe Baroja de la terminología marinera. Y, que yo sepa, no era un aficionado a las cosas del mar como pudo ser Pla, por poner un ejemplo de escritor con dominio del tema. No, aquí se nota que tuvo que dedicar tiempo y esfuerzo para adquirir ese dominio. Recuerda mucho a las novelas inglesas de aventuras del XVIII y XIX, sin duda las obras maestras del género. La Isla del Tesoro, La Trilogía de la Bounty, Robinsón Crusoe, Capitán Blood, Capitán Kid... la lista es interminable y, en todas ellas, hay lenguaje marinero para dar y tomar. 

En resumidas cuentas, que como no me apetece nada acabar esa novela me estoy demorando todo lo que me da la gana con las búsquedas en el diccionario de todas las palabras raras que encuentro, que, como digo, no son pocas. En realidad es como una jerga de los hombres de mar. Y aunque todos los oficios tienen su jerga, pienso que ninguno aventaja al de la marinería. Y no es raro, porque no hay oficio que ni de lejos haya hecho tanto por impulsar la civilización. En fin. 

miércoles, 1 de marzo de 2023

Manos de cerdo

Ayer fuimos a comer al Español y me zampé unas manos de cerdo que me supieron a gloria. Para mí las manos de cerdo tienen una doble atracción, una que me gustan sin más y, la segunda, que me retrotraen a Baroja que, junto  con Richmal Crompton, son mis autores favoritos a años luz de los que les siguen. 

Recuerdo que los curas le tenían una tirria a Baroja más allá de toda lógica. Sería simplemente una consigna que les habían pasado sus superiores porque no creo que ellos le hubieran leído. Aunque quizá alguno a escondidas... sea como sea, ya se sabe que en Baroja hay un destilado schopehaueriano y nietszcheano que es algo que la Iglesia nunca pudo tragar con toda la razón del mundo. ¡Pues anda que a ver a quién le va a gustar que le tiren piedras al tejado!

Pero, a lo que iba, a lo de las manos. Resulta que en una de las novelas de Baroja, El Mayorazgo de Labraz, hay un episodio que nunca pude leer sin desternillarme. Si hubiese conservado la novela se lo trascribiría, pero a falta de pan trataré de describírselo. Había en Labraz un monasterio y, en el monasterio, un abad. Es en la descripción que Baroja hace de este abad en donde está toda la gracia del asunto. Es imposible concebir una persona más zafia, sucia y primitiva. Cuando comía, no tardaba en aparecer una isla de grasa en su sotana. Isla que al poco era un archipiélago y que, antes de acabar la colación ya se había convertido en continente. Sus retrógradas opiniones las lanzaba desde el pulpito con su voz de trueno a la amedrentada filigresía. Pero, lo mejor es que cuando el abad era niño y le preguntaban qué quería ser de mayor siempre contestaba que cerdo. Después añadía entre grandes risotadas y con la boca llena de comida que, para comerse las manos. ¡Tanto le gustaban! Más o menos como a mí.  

Bueno, lo que es hacerse viejo, porque esta anécdota barojiana la habré contado miles de veces. De hecho, me es imposible comer manos de cerdo sin contársela al que tenga de comensal. Ayer, sin ir más lejos, se la conté a María que menos mal que me oye como quien oye llover. Pero, en fin, el caso es que estaban muy buenas y, para mayor refocile, las rematé con unas peras al vino. 

martes, 28 de febrero de 2023

Sea como sea

En la rampa de las atarazanas que hay a levante de la dársena del pesquero han construido una estructura metálica gigantesca que ahora tendrán que arrastrar hasta el nuevo punto de atraque de los ferrys. En realidad, si bien se mira, todo ello es una obra inútil, porque no tiene otra finalidad que ganar unos metros de paseo marítimo para solaz de la ciudadanía. Supongo que, principalmente, ciudadanía foránea, es decir, ese espécimen que hace miles de kilómetros si es preciso para ir a hacer a otro sitio lo que normalmente hace al lado de su casa. O sea, mirar. A ver cosas, como suelen decir. Según Pessoa cuanto menor es la erudición de la sensibilidad mayor tiene que ser el ámbito de indagación para sentir algo. Pero Pessoa, en cualquier caso, no es Dios, o sea, que vete tú a saber cuáles son las verdaderas razones por las que la gente se va a las quimbambas para ver algo que le choque. 

Lo que es evidente de toda evidencia es que cuando el ser humano está aburrido una de sus maneras predilectas de evadirse es ponerse a cambiar el entorno. Cambiar de sitio el mobiliario y cosas así a las que tan aficionadas son las amas de casa que ya no tienen prole que cuidar. No cabe duda de que, por un rato, funciona el invento, aunque no tienen que pasar muchas horas antes de que se vuelva al aburrimiento primigenio. 

Sea como sea, yo recuerdo eso que hoy es paseo marítimo, tan adobado para los turistas y ociosos en general, como un lugar maravilloso en donde los trenes cargaban y descargaban los montones de minerales y maderas y todo tipo de mercancías a granel. Siempre estábamos inventando diabluras. Cogíamos unos tablones y fabricábamos un columpio del que siempre nos acababa echando el carabinero de turno. O saboteábamos un puñado de azufre para mezclarlo con pastillas para el dolor de garganta y pasarnos la tarde produciendo explosiones por todas las esquinas de la ciudad. A veces nos colábamos en El Covadonga que acababa de llegar de La Habana. Porque los niños, la mayoría del tiempo, éramos invisibles para los mayores. 

En resumidas cuentas, que sí, que todo está muy bonito ahora, pero, a lo que se ve, ya no sirve. Y por eso es que hayan construido esa gigantesca estructura metálica que les decía. Como si hubiesen decidido echar el resto para darle al asunto un cierto cariz de eternidad. Inútil de toda inutilidad: dentro de cuatro días los burócratas que gestionan el puerto, o la ciudad, estarán tan aburridos en sus escritorios que maquinarán cualquier desmesura para superar la que está en curso. Es algo tan instintivo como respirar. Así que buena gana de filosofar sobre el asunto. 

Por lo demás, lo único que pediría yo a los dioses omnipotentes es que, caso de existir eso que Pessoa llama erudición de la sensibilidad, que me concediesen lo suficiente de ella como para poder satisfacer mi curiosidad sin tener que alejarme mucho de mi guarida. 

domingo, 26 de febrero de 2023

Creación

El caso es que ya casi no me acordaba de aquella novela que escribí hace veintitantos años y ahora, releyéndola, me he agarrado un enganche que es que no me la puedo sacar de la cabeza. Hasta en los sueños aparece. Recuerdo perfectamente el estado de excitación en el que me colocó su creación. Llegó un momento en el que me resultaba difícil distinguir de qué lado estaba la realidad y de cuál la ficción. Era como vivir otra vida. Y ya sé que suena a tópico, pero pónganse a la tarea de inventar historias y ya verán lo poco que tardan en sentir lo que les estoy contando. 

Así que, como les digo, estoy enganchado. Y no es que vaya a caer en la ilusión de que ello es porque tiene calidad. Ni mucho menos. En todo caso, sería literatura para chachas, como dice el periodista Sostres. Pero eso no quita para que a veces casi me maraville por haber sido capaz de inventar tal engendro. ¿Cómo se me pudo ocurrir?

Claro, a mí, este tipo de juegos ya me cogieron muy mayor y por eso, supongo, los sobrellevé a palo seco y sin urgencias de ningún tipo que no fuesen las de entretener el tiempo muerto. Pero me doy cuenta de lo que tiene que ser en el caso de una persona joven y que, por ende, tiene que ganar dinero con ello. La tentación de estimularse tiene que ser tan poderosa que casi todos sucumben, Al alcohol en concreto. Se han parado a pensar en la ristra de borrachos que ha dado la profesión literaria. Malcolm Lowry dejó niquelada la cuestión en su muy recomendable novela Bajo el Volcán. 

En fin, que no sé qué hacer, porque es que, además, como se pueden adivinar en ella tintes autobiográficos... pues eso, que me da corte ponerla en circulación. Aunque, pienso, que bien lo mereciera. Y por otra parte, ya soy tan viejo que... 

viernes, 24 de febrero de 2023

Tormenta de Hielo

Estuvimos viendo estas noches pasadas la película de Ang Lee titulada La Tormenta de Hielo. Es una historia que tiene que ver con cómo el descubrimiento de la anticoncepción le hizo caer al personal en la quimera de que romper el tabú del sexo era cosa hecha. Fue por los años setenta del siglo pasado y lo recuerdo bien porque servidor tampoco se libró de sucumbir al tópico de moda. Lo de la tormenta de hielo es fácil de entender: sucumbir a esa quimera tiene como primera consecuencia un congelamiento de toda la sentimentalidad. ¡Ale, todos a follar con todos! Como si del follar no se derivase lo que es la esencia de la vida, a saber, la perpetuación de la especie. Los hijos, para que nos entendamos.

Sí, aquellos maravillosos años. Los de los rockeros que nunca mueren. Fue quizá la primera demostración de hasta qué punto los medios de comunicación de masas pueden manipular las conciencias. Por supuesto, con la inestimable colaboración de la industria farmacéutica que, como el dinosaurio del cuento, al depertar todavía seguía allí. Y lo que te rondaré.

Porque es que hoy veo un video del Dr, Campbell en el que nos cuenta que ocho con tres de los sesenta y tres millones de británicos que hay consumen habitualmente antidepresivos. O sea, más de un doce por ciento. Vas por la calle y de cada cien personas que te topas, doce al menos, van con la conciencia modificada a su antojo por la industria farmacéutica. 

Aunque tampoco es cosa de rasgarse las vestiduras. Coges la biblia, sin ir más lejos, y por todas partes se hacen omnipresentes las viñas que, por así decirlo, eran la industria farmacéutica de por aquel entonces. Desde que el ser humano empezó a civilizarse, cualquier cosa que eso sea, no ha hecho otra cosa que necesitar estimulantes para poder soportarlo. 

En fin, unas cosas llevan a otras y, al parecer, es inevitable que el final de la secuencia sea la insoportabilidad de la vida a palo seco. O lo que es lo mismo, la congelación de la sentimentalidad. ¡Hermosa metáfora la que nos cuenta Ang Lee en esa película!

jueves, 23 de febrero de 2023

Correlación y causalidad

Veo a la ministra australiana de esa cosa que llaman salud contestando a preguntas molestas que lo que tiene que hacer la gente es ponerse la quinta dosis de la pócima mágica y no solo por ellos sino por el bien de la comunidad. La tipa no se mueve un milímetro de donde estaba. Es lo que tiene ser miembro destacado de una mafia criminal, que si cedes un ápice desmoronas todo el tinglado. Aquí, en España, según me he podido enterar, también siguen con esa milonga en los hospitales. Los pobres están convencidos que si resisten un poco más la gente se irá olvidando de lo que han hecho y santaspascuas. 

Esto, señores, es serio. Recuerdo cuando hace algo más de un año a María no la dejaban vivir sus amigas a golpe de negra premonición porque no se había vacunado. Su familia, directamente, la puso el veto. ¡Oye, tú, y a día de hoy como si no hubiese pasado nada! ¿Tú crees que alguien le ha hecho el menor comentario exculpatorio? ¡Qué va! Lo que no se comenta es porque no existió. 

Así no hay forma, señores. La miseria moral lo corroe todo. A mí, desde luego, no me coge de sorpresa. Toda la historia de la humanidad ha sido lo mismo. Hay una inmensa mayoría que en los momentos turbios se comporta como auténtica basura. Lo cual que, no nos engañemos, tiene sus inmensas ventajas. Porque no siempre es fácil saber de quiénes vivimos rodeados. Y así, con estos sofocones, tenemos la oportunidad de clarificar un poco las cosas. Personalmente, me siento orgulloso de mis amigos y familia, porque al margen de lo que ellos hayan hecho al respecto, a ninguno se le ha ocurrido hacerme la menor observación acerca de mi abstencionismo, negacionismo, o como quiera que sea que la chusma tildaba a los que no hemos creído oportuno meternos por el cuerpo la pócima sagrada. 

Y todo esto, que nadie se haga ilusiones, no se olvida fácilmente. Hemos quedado marcados como quien dice a fuego. Sé lo que es eso porque llegué a vivr con uso de razón las secuelas de la guerra civil. Aparentemente, todo iba como la seda, pero un día aparecía uno con la cabeza aplastada por un pedrusco y otro se declaraba un fuego incomprensible. Los que la hicieron, de algún modo la tenían que pagar. Es una cuestión de justicia divina. De las leyes no escritas del cielo, como decían los clásicos. 

Así que, el que no quiera pudrirse por dentro que entone el mea culpa. El Dr. John Campbell lo hizo y ganó millones de seguidores por todo el mundo. Pocos habrán contribuido tanto como él a desmontar la farsa en curso. Todo el mundo comprende al que rectifica. Pero nadie entiende al que se obstina. Y como es el caso que nos ocupa contra toda evidencia. Una evidencia espeluznante, bien sure. Sin comerlo ni beberlo hemos pasado de una miocarditis cada 250.000 niños a una miocarditis cada cuarenta niños... si ya sé que el que tenga correlación con la vacuna no quiere decir que tenga causalidad, pero... 

miércoles, 22 de febrero de 2023

Barojianas

El otro día entré en una librería de viejo de la calle San Luis y salí con Las Aventuras de Shanti Andía en el bolsillo. La verdad es que iba a tiro fijo. Hace unos días al terminar La Ciudad de la Niebla me di cuenta de que tenía necesidad de volver al placer infantil de la lectura, a sentir lo que sentía cuando a mis veintitantos devoraba a Baroja. Aquello era un verdadero vicio, o sea, de esos que practicas como si de una religión se tratase. Recuerdo que, incluso, llegué a visitar la casa del autor en Vera de Bidasoa al modo de los peregrinos que acuden a un lugar sagrado. Un señor muy amable que había por allí nos dio todo tipo de detalles. Luego, para redondear, hicimos el paseo cotidiano de don Pio al otro lado de la frontera, por una carretera sinuosa entre hayedos o algo así. Afortunadamente la producción de Baroja no fue manca. Siempre había un nuevo título que echarse al coleto. Aunque, como con todo lo que tiene un límite, también padecí las angustias de la "piel de zapa" al sentir como mermaban las posibilidades de nuevos hallazgos. Afortunadamente todavía quedaban las Memorias: Desde la Última Vuelta del Camino. Un tomo de aquellos de Aguilar encuadernado en piel y más de mil páginas de papel biblia. Por así decirlo, una especie de apoteosis; un fin de fiesta para nunca ser olvidado. 

Así que, como digo, terminada La Ciudad de La Niebla, la única suya que conservo en mi exigua biblioteca, decidí volver a las andadas, si es que eso es posible, y por tal es que ande ahora con lo de Shanti Andía que creo recordar fue para mí la mejor novela de aventuras de un autor español, excepción hecha, claro está, de La Vida del Capitán Contreras, que, por cierto, también acabo de releer con las consiguientes dosis de satisfacción, por así decirlo, primigenia. 

En definitiva, que voy a ver lo que esto me da de sí. De las pocas páginas que llevo leídas ya voy cayendo en la cuenta de cuál pudo ser el porqué de aquel enganche juvenil. Y es que Baroja trasuda por todos sus poros la modernidad de Schopenhauer y Nietzsche de una forma natural, como si fuese charlando entre colegas. Ya les iré contando.

martes, 21 de febrero de 2023

Al trascantón

 "Somos, por más que no queramos serlo, siempre del momento y de sus olores y formas, súbditos del cielo y de la tierra. Aquel de entre nosotros que más se embreña dentro de sí mismo, despreciando lo que le rodea, incluso ese, no se embreña por los mismos caminos cuando llueve que cuando el cielo está sereno... 

Cada uno de nosotros es varios, es una multiplicidad de sí mismos. Por eso quien desprecia el ambiente no es el mismo que el que de él se alegra o lo padece. En la inmensa colonia de nuestro ser hay gente de especies muy diversas, pensando y sintiendo de forma muy diferente..." 

Bueno, esto es lo que escribe Pessoa y, también, es de lo que suelo hablar con Fede, un infatigable estudioso de la personalidad, cualquier cosa que eso sea. Y es que uno se recuerda a sí mismo siendo tantos y tan diversos que a qué extrañarse que el sentimiento predominante sea el de vergüenza por lo que llegaste a hacer, decir o sentir cuando eras esto u lo otro en tus versiones más detestables. 

Porque esa es la desgracia de algunos, que no pueden evitar el sentirse responsables de sus actos. Otra característica de la personalidad que los dioses dan o quitan a su antojo. ¡Y qué le vamos a hacer! Al que le toca la china que se amarre los machos porque no le va a ser fácil olvidarse de la estela que dejaron los malos momentos. Y por eso es por lo que Yahvé decidió dejar a Caín seguir su camino: ya tendrá bastante con sobrellevar el recuerdo de lo que hizo, dijo.

Sin embargo, a veces da la impresión de que hasta Yahvé se equivoca, porque la inmensa mayoría, apostaría, no sobrellevan ese peso por mayores que hayan sido las atrocidades cometidas. Porque precisamente en eso consiste la ley del rebaño a la que se acogen todos los parias de la tierra, en diluir la culpabilidad. 

¿O por qué creen ustedes, si no, que tiene tanto prestigio amontonarse? En fin, vamos a dejarlo, porque hagamos lo que hagamos y digamos lo que digamos, solos o amontonados, lo único que a la postre va a contar es si aprendiste a tocar la guitarra o a escribir una historia. Todo lo demás, un estómago con patas... y a trocar al trascantón.

lunes, 20 de febrero de 2023

Apaga y vamos.

Fuimos hasta Solares en tren. Es una gozada tenerle, como quien dice, a la puerta de casa. Desde allí, por la vía del calatraveño, nos llegamos hasta Liérganes. Andando, menos de dos horas de sumergirse en un mar de recuerdos. Los más arraigados, los de la infancia y primera juventud. 

Liérganes, bien pudiera considerarse la metáfora de lo que han sido estos casi ochenta años de los que tengo conciencia: el triunfo de la zafiedad, estulticia y, sobre todo, el mal gusto. Es increíble lo que puede llegar a hacer el dinero en manos de los iletrados. La verdad es que no sé por qué, aunque sea de Pascuas a Ramos, me arriesgo a ir por allí. Será porque mi inconsciente me está pidiendo a gritos un baño de decepción.

Estuvimos comiendo en el Hotel Cantábrico. Para ser exactos, en las ruinas de lo que fue Hotel Cantábrico. Ahora está gestionado por los herederos de Hermógenes Rodríguez, el que fundará una de las más importantes sagas confiteras de la región. Los chicos ponen voluntad, pero poco se puede sacar de donde no hay. La pureza minimalista de aquella cocina que dirigía con mano de hierro la mujer de Fonso, el indiano fundador del pequeño imperio hostelero que llegó a ser el Cantábrico, se ha convertido en la exuberancia barroca orquestada por una troupe de cocineros hispanos. Una porquería de comida, regada por un mal vino. Eso sí, que no falte La Casera. ¡Madre mía, si esto no es degradación!

En definitiva, todos los procesos de decadencia a lo largo de la historia siempre fueron igual: el paso de minimalismo racionalista al barroco manierista. Cuando ya no hay inteligencia para extraer las esencias se recurre a poner adornos a las antiguas y ya gastadas. Quiere decir, entonces, que ya no hay salvación: el Ave Fenix tiene que sucumbir para poder renacer de sus cenizas. 

Y eso es exactamente lo que necesita Liérganes: morir del éxito hortera que le tiene convertido en un pastiche horripilante. Después, cuarenta años en el purgatorio para purificarse y volver a ser lo que fue: un vivero de aristócratas. Porque, no se engañen, hasta que no vuelva la aristocracia solo podremos esperar este barroquismo pestilente que, no otra cosa, es a lo que llaman democracia... que, además, si es social, como le dicen, apaga y vamos. 

domingo, 19 de febrero de 2023

Pasada

 Ya acabé la revisión de "Pasa la Vida". En cierto modo, y valiendo la redundancia, ha sido una pasada. He revivido momentos aciagos de los que escapé por los pelos. Lo que vino después fue los clásicos cuarenta años de travesía por el desierto, con sus falsos dioses para aligerar el tránsito, hasta que, curado de quimeras, vine a dar en una relativa tierra prometida. ¡Desde luego que, qué difícil nos hacemos la vida algunos!

Aunque, a la postre, lo que importa, o lo que queda, es que del trato con las personas aprendemos algo de nosotros mismos. Ese largo recorrido que, si sirve para algo, vendrá a dar irremisiblemente en la conciencia de la propia irrelevancia. Que no otra cosa es la tierra prometida. 

Personas y personas. Diferentes sabidurías. Innatas y aprendidas. Las circunstancias de cada uno. Los diosecillos juegan con nosotros como los niños lo hacen con las figuritas. A duras penas podemos hacer otra cosa que esperar a que quieran favorecernos... que ya saben lo problemático que es eso dada la natural tendencia a la perversidad de los niños. O de los dioses. 

En fin, ahora, a ver qué es lo que los dioses quieren que haga con todos esos volúmenes que se me están acumulando en las estanterías. Aunque quizá me los hicieron escribir sólo para ayudarme a saber un poco más sobre mí mismo y el mundo que me rodea. Que ya es bastante. 

viernes, 17 de febrero de 2023

Juegos de la edad tardía

A veces, guardar cosas tiene su interés. Según qué cosas, claro está. Y en esto las personas somos tremendamente selectivas. El caso es que me dio por guardar la correspondencia que mantuve con uno de esos contactos que se hacen por internet. Estaba entonces viviendo en Alar y no tenía compromiso alguno, así que dejé correr la imaginación y salió lo que salió. Ahora lo he desenterrado y me he puesto a leerlo y tengo que confesar que a duras penas puedo resistirlo. 

Como en aquel cuento que relata un comensal, creo recordar, en El Banquete de Platón, los seres humanos buscamos más o menos desesperadamente aquella mitad de la que los dioses nos separaron por nuestra soberbia. Y en eso echamos buena parte de nuestras vidas. Si lo encontramos o no, ese es otro cantar. Lo interesante es el proceso. Las cosas que uno hace y dice cuando está en trance de seducir. 

Mi correspondiente se tilda de impulsiva reflexiva. ¿Qué quiere decir eso? A mi discreto juico, nada de nada. O mejor, si quieren, una obviedad. Todos cuando perseguimos algo somos impulsivos porque de otra manera no generaríamos las esperanzas necesarias para mantenerte en la empresa y, también, somos reflexivos porque toda empresa suscita recelos que es imprescindible analizar so pena de pegarte el batacazo. 

Y de ese tira y afloja entre el impulso y la reflexión se compone la extensa correspondencia que ahora releo. Dos personas mayores buscan algo que compromete, y mucho, y por eso andan con pies de plomo. Es el típico querer en la superficie, pero no querer en el fondo. Nunca sabrás qué componente de atrevimiento o de cobardía hay tras todo el invento. A esas edades en las que ya has aprendido a gestionarte los propios orgasmos maravillosamente, el componente impulsivo de búsqueda se ve sobrepasado sin mayores esfuerzos por la reflexión. Y ahí está el meollo de estos juegos de la edad tardía. Uno sueña con compañía para las largas y frías noches del invierno oscuro, pero, eso, simplemente sueña. No hay un deseo firme. Y sí mil temores de complicarse una vida que no está mal tal como está. 

En cualquier caso, hay como un sexto sentido que regula este tipo de cosas. A los pocos días de cesar la que ya era farragosa e inútil correspondencia apareció María en medio del escenario y ahí continua, durmiendo en la habitación de al lado. Por el querer de los dioses. Sin embargo, ahí quedó el testimonio de aquellos juegos y ahora lo releo porque estoy en plan de poner orden en mis escritos. De hecho, tengo intención de incluir esa correspondencia en un tomo que llamo Pasa la Vida y en el que he pretendido contar algo de lo que me impulsó a largarme de Cataluña y recalar en la meseta. En fin, tengo mis reticencias respecto esa inclusión, pero, por otra parte, como sé que lo más probable es que nunca vea la luz, pues me importa un rábano.

miércoles, 15 de febrero de 2023

Superstición

 "Saber ser supersticioso sigue siendo una de las artes que, realizadas en su más alto grado, señalan al hombre superior."

Servidor, no es que quiera dárselas de superior, pero reconoce que supersticioso lo es en grado sumo. ¿Cómo podría ser de otra manera con todo el fervor que dediqué al estudio de los mitos sagrados? O a las leyes no escritas del cielo, como les decía ayer a propósito de Antígona. 

Venimos ahora de un episodio de la historia en el que los subnormales que dicen gobernarnos, como si eso fuese posible, han apelado al incontrovertible valor de la ciencia como soporte de todos sus delitos. Como era inevitable, el tiro les salió por la culata. No hay ciencia que valga salvo para las pequeñas cosas de la vida. Para todo lo demás, cuando más subimos en nuestras aspiraciones más bajamos en nuestra comprensión de lo que es. Imagínense a todos esos sesudos físicos del CERN convencidos de lo del Big-bang. Como diría un francés: qu'est-ce que c'est que cette merde. Desde luego que al más corto de todos aquellos escolásticos no se la habrían dado con queso. Ya te digo, querer saber el origen del universo sin creer en Dios es como querer ir a luna en bicicleta. 

 Pues eso, que me he pasado la vida llamando superstición a lo que es ignorancia. Aunque, a decir verdad, ya me di cuenta hace mucho de que a la diosa Fortuna no se la puede estar tocando el culo para que te favorezca. O la dejas a su aire o te puede salir caro. Y lo mismo con todos los demás dioses. Eso sí es superstición. Y de la buena. 

martes, 14 de febrero de 2023

AN OPEN FORUM FOR CLASSICS

Me envía Santi un enlace a una revista de nombre ANTÍGONA. Pocos personajes hay en la antigüedad clásica más evocadores que Antígona. La razón es tan sencilla como omnipresente a lo largo de la historia: no ha habido, ni hay, ni seguramente habrá, poder en el mundo que no pretenda imponer sus leyes sobre las leyes no escritas del cielo. Antígona se opone a esa pretensión y muere. Digamos que así es como los poderes ciegos fabrican a los mesías que les destruyen. 

Pues sí, eso es Antígona, un mesías que vino a traer al mundo la buena nueva de que es imposible sustituir las leyes no escritas del cielo por otras fabricadas por los hombres. ¡Imagínense si no estará el asunto de actualidad con todos estos subnormales que gobiernan las naciones que no hacen otra cosa que intentar torcerle el brazo a la naturaleza!

Sea como sea, que no voy a ser yo ahora el que se ponga a teorizar sobre tan elevados asuntos, lo interesante de esta revista es que es un foro para el debate entre todos los aficionados al mundo greco romano. He leído unos cuantos artículos y, si quisiera, tendría un montón de cosas interesantes que contarles al respecto. Pero no teman, no voy a entrar en detalles. Solo decirles que se animen a echarle una ojeada, porque no hay nada que ayude más a conocer los intríngulis del mundo contemporáneo que saber cómo vivieron las mismas tesituras nuestros antepasados.  Unos antepasados que nos lo dejaron todo pensado y escrito para que nosotros pudiéramos aprovecharnos del escarmiento en cabeza ajena si es que eso es posible. 

En fin, si les interesa, con poner antigonejournal.com seguro que aparece en pantalla.