En el canal World Dortors Alliance de Telegram, que es mi sola y exclusiva fuente de información sobre lo que se cuece por el mundo, viene hoy una noticia que no por estrambótica deja de tener su miga. Según nos muestra un vídeo rodado en los servicios de un establecimiento, allá, en algún lugar de China, el papel higiénico no es accesible si antes no ha habido un reconocimiento facial del demandante. Claro, uno no es que se fíe de las noticias, vengan de donde vengan, pero, concretamente ésta, me la crea o no, me sirve para reflexionar sobre esa faceta del ser humano que consiste en buscar seguridad por medio del control del entorno.
Bien pueden estar seguros de que nadie se libra de un cierto grado de psicopatía con tal asunto. Fomentar la ilusión de que ningún peligro te pesque desprevenido es el fundamento de una industria poderosísima. Miles, millones, de personas viven de vender seguridad. Lo tienen fácil: todos los medios de comunicación emplean buena parte de su espacio y tiempo en contarnos historias que confirman la maldad que el ser humano lleva en sus genes.
El caso es que cuando la vida pierde tono y, por tal, se instala en el aburrimiento, entonces, como por ensalmo, se producen brotes psicóticos de inseguridad. Es una de esas paradojas que nos constituyen: cuando menos vida tenemos, más tememos perderla. Y ahí es donde los vendedores de seguridad encuentran su mayor nicho de beneficios. No hay nada que a un aburrido no se le pueda vender. Y si son burros volando, más fácil todavía.
¡Imagínense, un aparato para identificar a los que han entrado a cagar! ¡Muy fuerte, tío! Pues da igual porque el dueño de ese establecimiento se sentirá más seguro desde que instaló el aparato. Lo mismo que, al parecer, se quieren sentir los gobernantes que han montado todo este rollo plandémico con el único objetivo de instaurar el carné digital. Instaurado el carné, deben pensar, se acabó la inseguridad: la paranoica inseguridad de todo poder en curso. Imposible pensar que pueda haber una ilusión más simpática.
Ya te digo, como no se ponga de moda, como allí, en el México revolucionario, la caza del tecolote, aquí no va a haber quien pueda vivir a su bola. Bueno, por lo visto, en algunos sitios ya han empezado a destrozar los medios de seguridad que las autoridades colocan por las calles. Es un buen comienzo para acabar con toda esta estúpida ilusión.
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