martes, 21 de marzo de 2023

Su majestad es coja

Como ya he pegado un repaso a los libros de mi biblioteca con formato adecuado a los bolsillos traseros de mis pantalones, he vuelto a recurrir al kindle, que es muy cómodo de trasportar, para mis excursiones campestres. Así es que ayer andaba por ahí, demorándome en todos los bancos que encontraba, para seguir con lo de Casanova, que mira que da detalles el tío. Ahora anda con un asunto que tiene con una monja que, a su vez, tiene otro con el embajador francés. El caso es que la monja se las trae. En el primer encuentro que tuvo con Casanova, el embajador lo estuvo observando todo por una mirilla secreta. Ha pasado el tiempo y, el embajador, que va y viene, quiere darse otra sesión de voyerismo. La diferencia ahora es que la monja le ha pedido permiso, cosa que no hizo la primera vez, a Casanova para poder ser observado. Por supuesto que Casanova se lo da, pero no sin antes haber mantenido con ella un intensa e interesante relación epistolar en la que se analizan pormenorizadamente las cuestiones psicológicas relacionadas con la exhibición de la intimidad en su grado más excelso. 

Lo de las relaciones epistolares siempre me ha llegado al alma. Y antes de que empezase toda esta mierda del internet, procuré en la medida de mis posibilidades, cultivarlas. Escribí y recibí muchas cartas que, un buen día, tiré a la basura convencido de que no había en ellas nada que recordase a Chordelos de Laclos, máximo exponente, según mi nada humilde criterio, del arte epistolar. 

Chordelos y Casanova son bastante coetáneos y no solo coinciden en lo de la habilidad para escribir cartas, también, curiosamente, comparten su afición por las matemáticas... aunque, esto, no sé a cuenta de qué coño lo traigo a colación. Porque a lo que yo quería ir es a cómo, según todos los indicios, hemos degenerado los humanos en lo que hace a nuestras capacidades expresivas por medio de la escritura. 

Claro que, me dirán que, para qué escribir cartas si hay otras formas de comunicarse más cómodas y directas. ¡Craso error! La comodidad y rapidez, no voy a negar ahora que tienen sus muchas ventajas, pero, también, no pocos inconvenientes. Y, sobre todo, para según y qué cosas, los inconvenientes sobrepasan con creces a las ventajas. Por ejemplo, para mantener en el tiempo una relación es infinitamente más poderosa la reflexión que exige la escritura que la vehemencia que promueve lo instantáneo. De hecho, todo lo directo e instantáneo acaba siendo devorado por las emociones y no por otra causa, seguramente, es que todas estas relaciones de hoy día se vayan al carajo a la primera de cambio. 

En resumidas cuentas, que lo que los dioses dan por un lado, lo quitan por otro. Y por eso estamos siempre en las mismas. Porque, si abarcamos más, apretamos menos. Y, en fin, entre el clavel y la rosa, su majestad escoja... ¿o era, es coja?  Se necesita la escritura para diferenciar según qué cosas que son críticas para que no salten chispas.  

lunes, 20 de marzo de 2023

Coriolano

Si hay un personaje controvertido, y por ende trágico, en la antigüedad clásica, ese es Coriolano. Tan es así que hasta Shakespeare le dedicó la que algunos consideran su mejor tragedia. El caso es que estos días que, a falta de mejor entretenimiento andaba demorándome por la Vidas Paralelas de Plutarco, he vuelto a toparme con el personaje y he comprendido una vez más lo difícilmente abarcable que es. Huérfano, educado por su madre en el culto de Marte, no tarda en dar grandes triunfos a Roma. Cargado como está de laureles, aspira a gobernar, pero se encuentra con la oposición de la plebe. Es demasiado aristocrático para su gusto y por eso le envía al destierro. Se siente traicionado y lleno de despecho organiza su venganza. Se alía con los enemigos a los que antaño había derrotado y pone sitio a Roma, la ciudad en la que la plebe le había humillado y los patricios no le habían defendido. Roma, por así decirlo, estaba acojonada. Todos pensaban que Coriolano era invencible y, eso, les paralizaba. Ni siquiera habían organizado la defensa. Fue entonces cuando un grupo de mujeres toma el asunto en sus manos. Acuden a casa de Volumia, la madre de Coriolano y la ruegan que suplique a su hijo que levante el cerco que tiene puesto a Roma. Volumia accede al ruego y va, acompañada de nuera y nietos, a ver a Coriolano. Aquí es donde Shakespeare da el do de pecho. Esos discursos que se echan entre si madre e hijo no son para contados. El caso es que Coriolano cede, levanta el cerco y se va con sus aliados que, a su vez, se sienten traicionados y no dudan en matarle. 

Y eso es todo, pero, claro, yendo paso a paso, nos tenemos que detener en el meollo de la cuestión. El sentimiento profundamente aristocrático de Coriolano es radicalmente incompatible con la volubilidad de la plebe. Por así decirlo, el eterno problema de la humanidad. La masa recurre al individuo para que le saque las castañas del fuego, pero una vez que las ha sacado, ya, antes de que se enfríen, no le quieren. Ya saben, es aquello de que nadie es más que nadie. Y ahí se acaba la cosa. Porque como la plebe no lee El Quijote ignora la segunda parte de la oración, la que asegura que nadie es más que nadie si no ha hecho más que nadie. Y el caso es ese, que Coriolano había hecho muchísimo más que toda la plebe junta. ¡Imagínense la envidia y el rencor acumulados en su contra!

En cualquier caso, ¡qué mal asunto es la ambición! Porque, ¿acaso no tenía ya bastante Coriolano con todos los laureles que llevaba sobre su cabeza? ¿Qué necesidad tenía de gobernar? Y, decepcionado ya, ¿a quién en su sano juicio se le ocurre semejante venganza? No, desde luego que da mucho de sí el personaje. Porque, ¿qué hubiera pasado si no cede a los ruegos de su madre? ¿Habría convertido a Roma en una tiranía? Bueno, en tal caso, se hubiera adelantado quinientos años a Cesar. A la postre, nada de nada. 

domingo, 19 de marzo de 2023

Bendito escepticismo

La memoria escrita es dinamita para el espíritu. No hay vuelta de hoja o, si mejor quieren, no puedes hacerte trampas. Así era como pensabas tú, con esa ingenuidad propia de los inexpertos. Así que no vengas ahora dándotelas de avisado porque, si vivieses treinta años más, te pasaría lo mismo respecto de lo que piensas ahora. Nunca, mientras sigamos respirando, dejaremos de cambiar nuestra manera de interpretar el mundo... a no ser, claro está, que uno sea un deficiente mental. 

Pensar es una tragedia. Para el que piensa y para los que le rodean. Todos los males del mundo se derivan del hecho de que uno que se dedicaba a pensar creyó darse cuenta de que si se cambiase tal cosa todo podría ser mucho mejor. Y no pudo guardar para sí el hallazgo y se dedicó a propagarlo. Entonces, la gente que hasta entonces había vivido tan divinamente con lo que había, empezó a sentirse mal. Y empezó el baile. Porque no todo el mundo tiene la misma idea respecto de lo que es mejor. Porque es inevitable que lo que es mejor para unos sea peor para otros. Y también es inevitable que los que que piensan que es mejor para ellos luchen por conseguirlo y que los que piensan que es peor luchen por impedirlo. La guerra, en definitiva, ya ven, porque alguien se puso a pensar. 

Señores, y señoras, que también tienen derecho, servidor lo que quisiera es adquirir ese estado supremo del escepticismo total. Que no se me vuelva a pasar por la cabeza la idea de certeza respecto de nada que no sea lo difícil que es tocar bien la guitarra.   

sábado, 18 de marzo de 2023

Violante

Me envía Santi sus "Sonetos de Violante" y me vuelven a parecer extraordinarios. Con motivo de estas relecturas entablamos conversación. Me dice: "Creo que de lo que dices hay dos cosas. Se nos enseña la cosa equivocada de que la literatura es un juguete que debemos disfrutar pasivamente, leyendo y nada más. Es mentira: la ficción ha de ser patrimonio de todos, en especial de los más jóvenes. Las clases de literatura del bachillerato deberían ser:

1. Día primero: escribir un poema con la métrica del Mío Cid.

2. Día segundo: ídem de un poema de Cuaderna vía.

3. Día tercero: lo mismo, pero de un enxiemplo como los del Conde Lucanor, y así sucesivamente.

...

La enseñanza, sin enseñar primero a escribir, no vale para nada. Quien es incapaz de plasmar sus ideas ordenadamente en un papel, no vale un duro como intelectual."


Por supuesto que añade muchas cosas de enjundia, pero no quiero cansar. El caso es, pienso yo, que, si nadie te enseña a escribir, tú puedes aprender por tus propios medios. Seguramente lo único necesario es sentir la necesidad. Querer, más que cualquier otra cosa, saber expresarte con sentido, que eso es escribir. Porque no se piensen que es fácil expresarse con sentido tan pronto te sales de las cuestiones banales de la supervivencia diaria. Más bien, con solo bordear lo abstracto te sueles hacer, como se dice vulgarmente, con la picha un lio y ni dios te entiende. Por eso son tan aburridas las conversaciones con la mayoría de la gente, ¡y qué le vamos a hacer!, que diría Borges. 

Pues sí, lo confieso, las dos niñas de mis ojos durante los últimos cuarenta años han sido la escritura y la guitarra. Dos sendas que no tienen fin y, más, cuando caminas por ellas cojo. Pero en cualquier caso se avanza y, a estas alturas, no me puedo quejar de lo que ya vislumbro. 

jueves, 16 de marzo de 2023

Le grand dégringolade

 ¿Y si fuese verdad que ya tenemos aquí le grand dégringolade? Desde luego que si nos pilla desprevenidos no será por falta de agoreros que la vienen anunciando a bombo y platillo desde no se sabe cuánto hace ya. Todo este ininterrumpido baile de vampiros que viene siendo la realidad socio-político-económico-ydemáshierbas de unos años para acá, por fuerza tiene que terminar en apoteosis porque ya no puede quedar una sola gota que sacar de las yugulares del sistema. 

No sé, habrá que ver. Pero es que uno ve a estos gobernantes ocupados en legislar sobre la jubilación de los perros pastores, y cosas por el estilo, y se da uno cuenta de que, por no haber querido ocuparnos de lo que nos concierne, han acabado mandando los subnormales... que ya nos avisó Platón de que esto funciona así. Y ayer veía que se están quemando cientos de millones de dosis de la famosa que dicen vacuna, pero que no lo es, porque nadie se la quiere inyectar por más que los subnormales que nos gobiernan insisten e insisten e insisten. Levantasen la cabeza Buñuel y todos aquellos gurús del surrealismo y se quedarían patidifusos al comprobar que lo que ellos imaginaron era cosa de niños por comparación con la realidad en curso. 

Sí, hay una situación muy curiosa. Es como una fina ansiedad que lo impregna todo. Es de esas situaciones en las que se tiene un deseo inconsciente de que todo estalle para que pueda haber un comienzo regenerador. Digamos que lo del mito del Ave Fénix. Y, mientras tanto, con la ilusión de poder salvar algunos muebles, hablamos de ir sacando nuestros ahorros del banco para meterlos debajo de la viga. Pero no lo hacemos porque seguimos siendo incapaces de ocuparnos de lo que nos concierne, y no por nada, sino porque sigue trabajando el inconsciente para asegurarnos de que todo intento de sortear el designio de los dioses es inútil. 

En cualquier caso, sea como sea, lo realmente importante es que ya tenemos aqui la primavera. Y ayer fuimos a celebrarlo paseando por las trochas del valle de Campoo. Justo por donde Chisco condujo a Marcelo, camino de Tudanca, para hacerse cargo del mayorazgo que Don Celso estaba a punto de dejar vacante. Desafortunadamente no pudimos echar unas parrafadas con el Sordo de Proaño porque ya nadie empalla la yerba en el pajar. En fin, ya lo dijo aquel boticario de zarzuela, que los tiempos cambian que es una barbaridad. 

martes, 14 de marzo de 2023

Transeúntes

Bajaba ayer por la cuesta de los Toros y de pronto me di cuenta de que a mi lado caminaba un chaval con una guitarra bajo el brazo. Le pregunté si la tocaba y muy nervioso me dijo que sí. No era una mala guitarra y me extrañó que la llevase al aire. El tipo no tenía mala pinta, pero parecía muy nervioso. No tardó en contarme que venía del albergue que hay en el polígono de Candina. Es un hotel de cinco estrellas, pero me han robado. No tengo para ir a Gijón. Si me pudiese ayudar... yo le toco algo. Efectivamente, sabía tocar canciones de esas de grupos modernos. Intercambiamos unas cuantas opiniones sobre la materia. Me la pasó para que tocase algo. Al final le di dos euros y se fue más contento que unas pascuas.

Bueno, pensé, es un desastre de chaval, pero un desastre relativo.  Saber tocar algo con la guitarra quiere decir que tiene voluntad. ¡Ojalá le sirva para lo que sea que le tenga que servir! Aunque las vidas son lo que son porque así lo han dispuesto los dioses omnipotentes y si el chaval está colgado de alguna droga pues espero que los dos euros le hayan servido para aliviar su mono. 

Lo que sí me llamó la atención es lo del hotel de cinco estrellas. Me alegró saberlo porque nunca se sabe. Aunque los transeúntes siempre han sabido apañárselas para salir del paso. Recuerdo que, allá por los sesenta, cuando llegaban los rigores del invierno, buen número de ellos se acogían a la benevolencia de la red de sanatorios antituberculosos estatales. Algunos, muy pocos, se instalaban allí de por vida y otros salían zumbando tan pronto apuntaba la primavera. Y es que lo de ir de aquí para allá sin ninguna finalidad siempre ha tenido muchos adeptos. Seguramente hay pocas cosas que enganchen más. 

 En fin, qué vida esta.


  

lunes, 13 de marzo de 2023

Gozosa senectutem

Aunque todavía no hayamos cruzado la línea del equinoccio, lo cierto es que ya tenemos aquí la primavera que la sangre altera. Personalmente ha sido en forma de una laxitud que hace que llegue a dormir casi ocho horas diarias y que me levante con una vaguería que, si me abandono a ella, es inevitable que pronto empiece a sentir una fina ansiedad que trato de calmar echándome a la calle. Me sirve de poco, la verdad. Pero, bueno, me suelo topar con un vecino que es de mi pueblo y que, como anda por los noventa, ya no tiene la cabeza para otras cosas que no sean las del fornicio. Se duele, pero no con amargura, de que ya no se le suba. Es el leitmotiv de su discurso al que añade chascarrillos que no dejan de tener su gracia. Es un hombre al que por lo que me cuenta le ha debido de gustar mucho su mujer y, a lo que se ve, no le ha decaído en absoluto el entusiasmo. Me dice que, cuando su mujer se va a la cama, él inmediatamente pasa la televisión a un canal de porno que no tarda en ponerle como una moto. Entonces se va a la cama y hace sus intentos, pero su mujer no colabora. Y entonces él la dice: ¡con lo que has sido y ahora...! 

Es muy curiosa esta versión de lo que podríamos llamar deterioro senil. Recuerdo que en Salamanca tenía un conocido que andaba por los ochenta y muchos y que, por lo demás, estaba como un toro. Iba tan tranquilo por la calle y de pronto notaba que alguien me había echado la mano al hombro. Era el señor Tomás. Me soltaba un par de anécdotas unamunianas y de inmediato entraba en harina. La mujer tenía un alzhéimer en avanzado estado de gestación, pero eso a él no le frenaba. Recuerdo un día que estando en la cola de la charcutería del supermercado se me acercó por detrás y se puso a darme detalles de sus últimas incursiones. Imagínense cómo sería el asunto que llegó un momento que hasta el charcutero dejó de cortar fiambres para ponerse a escuchar. 

Por lo que me han contado los entendidos, debe ser muy corriente tal deriva de la mente a esas edades y, se me antoja que, quizá sea como una especie de premio que los dioses conceden a los que han guardado los preceptos que se les deben. Porque el caso es que, lo mismo el de mi pueblo que el Señor Tomás, han sido buenos trabajadores, y padres y esposos a carta cabal. Se nota sobre todo en que siendo de extracción humilde todos sus hijos hayan pasado por la universidad con aprovechamiento e, incluso alguno, más que eso. 

En fin, vaya usted a saber, porque los caprichos de la naturaleza son infinitos. Y, en última instancia, todo es irrelevante y efímero. Así que buena gana de comerse el tarro sea por lo que sea.  

domingo, 12 de marzo de 2023

Peste

Quisiera prescindir de todo tipo de contacto con los medios de comunicación, pero como resulta que soy un yonky de la guitarra no puedo evitar meterme en YouTube en busca de material para mi adicción. Y es lo que tiene salir a pillar que es inevitable contaminarse del pestilente ambiente circundante. En fin, el que no tenga experiencia de estas cosas es que poco ha vivido. 

Pues sí, entro en YouTube y antes de poder colgarme de Nadia Kossinskaja interpretando Oblivion, que mira que me está costando aprenderlo, me tengo que tragar un montón de titulares de vídeos que me las prometen putas a nada que me descuide. Los de cariz económico son omnipresente, pero los que se llevan la palma son los relacionados con la salud. Al parecer, nunca es bastante lo que tenemos que hacer los humanos para no morir antes de tiempo... con tantas espadas de Damocles pendiendo sobre nuestras cabezas. 

Claro, según las leyes del mercado en vigor, si no hubiese demanda la oferta se adaptaría automáticamente y, al entrar en YouTube, sería raro encontrar al típico vendedor de crecepelos. Pero, esa es la incuestionable cuestión, perdonen la redundancia, que demanda la hay para dar y tomar, porque, si la función crea el órgano, el médico, la enfermedad. Tal es la triste realidad y el que no se haya enterado que se lo haga mirar, como dicen los catalanes. 

Ese es el asunto que para que tanto profesional de la salud pueda vivir tiene que haber mucha enfermedad. Y donde no la hay, se inventa. Por eso es preceptivo que antes de ver a Nadia Kossinskaja tocando Obivlión te tengas que tragar a un tío que te advierte que tienes una próstata que te va a jugar malas pasadas. Y, claro, yo, me cago en su puta madre, pero estoy seguro que habrá miles de tíos que nada más verlo saldrán corriendo en busca de un urólogo para que les meta el dedo por el culo. Es la técnica del meter los demonios en el cuerpo: una vez metidos ya te tienen agarrado por los cojones. 

Es que se dice pronto, pero, seguramente, nunca sufrió la humanidad plaga de semejantes dimensiones. Vas por la calle y como es lógico te vas fijando en lo que hay alrededor. Alucinas la cantidad de locales y pisos dedicados a recomponer el alma alicaída de la gente. Y eso que a la entrada de la ciudad hay un hospital de mil camas con más de mil médicos tocándose las bolas por los pasillos. Sí, sí, digo bien, tocándose las bolas. Lo cual no quita para que la propaganda oficial sostenga que faltan médicos. 

¡Por Dios Bendito! ¿Cuándo va a parar todo esto? ¿Es que la gente no va a poder vivir tranquilamente con los preceptivos alifafes de los que la naturaleza se sirve para recomponer el equilibrio? Desde luego que, cómo se degenera cuando no se va a la guerra.

sábado, 11 de marzo de 2023

La Hurdes

Ayer les mentaba el periplo a pinrel que hice por Las Hurdes, allá, por año 88 del siglo pasado, pues bien, como ando revisando todo lo que he escrito a lo largo de los años, estos días le ha tocado el turno a las notas que tomé durante ese periplo, que, por cierto, tienen la gracia añadida de los dibujos que iba haciendo sobre la marcha Carme, mi compañera de por entonces. 

Tengo que decir que con esta relectura me lo he pasado especialmente bien. Ha sido tanto lo que se han avivado mis recuerdos que talmente parecía que recién venía de vivirlos. Es, por así decirlo, y perdonen la pedantería, el poder taumatúrgico de la escritura. Y es que es muy posible que, si hay una cisura que marque un antes y un después en la historia de la humanidad, esa sea la de la invención de la escritura. Y no por nada, sino porque es una tecnología que multiplica por mil la potencia de la memoria. 

La memoria, que es como vivir por delegación. Porque ya no podría, ni echándole toda la voluntad que me queda, repetir una hazaña como aquella.  Aquellas comidas, aquellos colchones... lo de las caminatas sería lo de menos porque, al respecto, G. a D., me queda bastante fuelle. Pero, en fin, sobre todo es la motivación: ahora no tengo ninguna porque, como dice mi querido Pessoa, ya he hecho todo lo que no había hecho y he visto todo lo que no había visto. 

El caso es que el relato queda bastante salado y, el lunes, si los dioses no disponen lo contrario, bajaré a la copistería a que me hagan un par de ejemplares. ¡Narcisismo obliga!

viernes, 10 de marzo de 2023

Panacea

No es que a estas alturas de la vida me importé ya un comino, pero como esta mañana andaba filosofando con Carlos sobre los coches he dado en ponerme a pensar si la posesión del coche me ha aportado algo o, por contra, ha sido otro de los muchos lastres que me he echado encima, la mayoría de las veces, tengo que confesarlo, con la pretensión de aliviarme un mal momento. 

Vaya por delante que nunca necesité el coche como instrumento de trabajo. Ni tampoco como herramienta de logística. A lo sumo, en algunas circunstancias, me hubiese podido arreglar divinamente con una bicicleta. Siempre que lo tuve fue tratando de mejorar los rendimientos de mi ocio. Abarcaba más territorio ganando en independencia. Esa era, al menos, la excusa con la que compensaba de sobra las indudables sevicias que la posesión de tal artilugio conlleva. 

Esa es la cuestión a dilucidar: ¿realmente, se abarca más territorio? ¿Se gana en independencia? Ya digo, a estas alturas, me importa un comino, porque a lo hecho pecho. Pero desde mi perspectiva actual es inevitable que albergue serias dudas respecto de esas verdades que la cultura dominante considera incuestionables. 

El caso es que un buen día, hace casi cuarenta años, decidí recorrer la Sierra de Francia y Las Hurdes a pinrel. Fui hasta La Alberca en autobús y, de allí, andando hasta Casares de las Hurdes donde volví a tomar otro autobús que me retorno al origen. Chino-chano, un paso detrás de otro durante diez días, subiendo y bajando, hablando con los pastores, durmiendo y comiendo donde cuadraba y, sobre todo, descansando en todos los lugares amenos, que no fueron pocos, que el camino brindaba. Pues bien, nunca había hecho recorrido que me hubiese proporcionado tal sensación de haber llegado tan lejos. Ni tal diversidad de experiencias ni tal riqueza de anécdotas. De hecho, lo intenté plasmar en un librito que iba escribiendo cuando descansaba a la sombra en cualquier vuelta del camino. Mi compañera de recorrido le puso unos dibujos muy graciosos. Por ahí anda el invento, perdido en el fondo de cualquier cajón. 

En los últimos quince años he recorrido territorios en bicicleta y, también, la sensación ha sido de inmensidad. Lo que recorría en una semana apenas me hubiera llevado una mañana si hubiese ido en coche. Claro, en coche abarcas mucho, pero después de experimentar el pinrel y la bicicleta, te percatas de que la contrapartida de la velocidad es no ver ni enterarte de nada. O casi nada. 

No sé, porque reconozco que también he disfrutado con el coche. Y seguramente me ha ayudado a superar malos trances. Pero ha habido grandes periodos de mi vida en los que he prescindido de él sin que por ello haya sentido su carencia. Supongo que es como todo en la vida, ya saben, a falta de pan, buenas son tortas. Y ahí está siempre al quite el comerciante de turno para ofrecértelas como si fuesen la panacea. Y si uno anda pachucho, qué mejor que cualquier panacea. 

jueves, 9 de marzo de 2023

La Virgen María

La chusma es insufrible. Ayer, una maravillosa tarde de incipiente primavera, se amontonaban ellas, y los que quisieran ser como ellas, con pañuelo morado al cuello, para celebrar a la Virgen María en sus infinitas modalidades, La de la Cama, La de la Regla, La de los Dolores, La de los Desamparados, La de las Angustias... ellos y ellas decían que era el día de la mujer. Claro, lo que mola es ser ateo. Y atea, bien sure. 

Lo realmente maravilloso de todo esto es que las autoridades comunistas en curso han conseguido convencer al populacho de que la mujer, así, considerada en su conjunto, está oprimida. Y, claro, lo suyo es protestar para liberarse. Y mientras la chusmilla está en ello, las autoridades comunistas se siguen pegando la gran vidorra, putas incluidas.

La cosa, no cabe duda, tiene su gracia. Mientras todas estas protestas de juguete llenan las cabeceras de todos los medios informativos, ni una palabra sobre los miles de tractores que han bloqueado las calles de Bruselas con la pretensión de que la gente se entere de que lo que come no cae del cielo. 

El mundo es ansí, que decía Baroja. Pretender que a la humanidad se la puede mejorar con la ingeniería social es, de entre todas, la mayor ilusión. Conseguir individuos pensantes es algo que la naturaleza concede con cuentagotas. Y cuando a alguien le concede ese don, que, en fondo, no es más que una tecnología, pues pasa como con todas las tecnologías que lo mismo pueden ser empleadas para hacer el bien como para hacer el mal. De hecho, nunca se sabe en qué acaban parando tanto el bien como el mal que se pretende hacer. Porque la vida, por naturaleza es paradójica. 

En resumidas cuentas, lo mejor va a ser que nunca se me vuelva a ocurrir el ir a pasear una tarde de incipiente primavera por donde las autoridades dicen que hay que ir a pasear. Y más, que tengo aquí al lado todos estos polígonos industriales por donde nunca topas con las masas manipuladas.   


miércoles, 8 de marzo de 2023

Malvises

Ayer, por fin, escuché cantar a los malvises. Bueno, la verdad es que es difícil saber si cantan o hablan, pero eso da igual porque lo que cuenta es que anuncia que la primavera ha llegado para quedarse. Ayer el viento roló de este a oeste y subieron las temperaturas. Hoy ha rolado a sur y han subido mucho más. Ya tocaba. 

Y eso es todo, el mundo siguiendo su loco curso y yo avanzando a trancas y barrancas por la partitura de Oblivion. ¡Condenado Piazzolla! Quizá, me digo, debiera buscar otra partitura, pero no, es, sencillamente, que hay grados de dificultad que cuesta superar. Es como Sergio Assad, que quisiera tocar algo suyo, la Seis Brevidades, por ejemplo, pero ni aunque volviera a nacer. En fin, gracias que puedo con los preludios y algún choro de Villa-Lobos.

Por lo demás los griegos de la Anabasis ya han conseguido llegar a tierra amiga. Por el camino han vivido tales horrores que no son para contados. Desde luego que ellos se lo buscaron, porque nadie les mandó que se ganasen la vida con la espada. Podrían haberlo hecho con el arado, pero se ve que los dioses tienen dispuesto que el equilibrio del mundo solo se pueda mantener haciendo correr la sangre. En fin, qué locuras; ese poblado al que llegan y tienen que ver como las mujeres con sus niños en brazos se arrojan por los acantilados. También eso, así lo tenían dispuesto los dioses. 

Bueno, vamos a ver qué se cuece hoy.

 

martes, 7 de marzo de 2023

Folletines

Anoche, mientras me dedicaba a mis cosas, miraba de vez en cuando a la pantalla en donde estaban pasando la película Johnny Guitar. En realidad, lo que diferencia unas de otras a todas esas películas de cariz bíblico que conocemos como westerns no es otra cosa que la pureza del mal que consiguen alcanzar. 

Posiblemente, esa pureza no sea más que una cuestión de estética. La estética del mal. Desde luego que no debe de ser fácil recrear las más bajas pasiones del ser humano sin caer en la chabacanería. De hecho, pienso, aguantamos todas esas películas porque estamos condenados irremisiblemente a que nos guste la chabacanería. Y es que, quizá, así, el mal sea más soportable. 

Esa mujer que aparece en Johnny Guitar, cegada por el odio que brota de esa mezcla de envidia y celos, es vulgar a más no poder. Un folletín de tres al cuarto. La niña mal educada que como no puede conseguir el juguete que quiere lo rompe todo tratando de olvidar que lo que en realidad quiere destruir es a sí misma. 

Todos somos así en mayor o menor grado, pero cuando, a golpe de estética, se consigue dibujar un grado superlativo de maldad, parece como que lo nuestro pelillos a la mar. Son, en definitiva, maneras infantiles de liberar nuestras angustias. 

No sé, porque cada vez me aburren más estas historias. Las soporto, quizá, porque a veces la belleza del paisaje por donde cabalgan los centauros combinado con una música agraciada me produce una sensación de paraíso que desvanece toda sensación del mal que fatalmente lo anega todo.   

lunes, 6 de marzo de 2023

Anabasis

Anabasis de Jenofonte da un buen cacho para pararse a pensar. Y de entre todo ello una cosa me ha repercutido con especial relevancia: romper los juramentos que se hacen poniendo a los dioses por testigos solo puede traer malas consecuencias por razones obvias: a los dioses no les gusta que se les tome por el pito de un sereno.

Y ese es el punto y la madre de tantos de mis desvelos, que no siempre fui fiel a mis juramentos. No sé, la verdad, de donde me pudo venir esa especie de non chalance hacia las cosas serias de la vida. Quizá, el solo tener en cuenta los ejemplos a mi alrededor que se acomodaban a dar pábulo a mis caprichos. Todo ello, bien seguro, sustentado en la ilusión adolescente de autoproclamarse ateo. ¡Si no hay dios que te vea, por qué te habrías de preocupar por las consecuencias de tus actos!

Lo siguiente que llama poderosamente la atención en ese libro es que los griegos nunca deciden nada sin tener en cuenta a los demás. A uno, cual es el caso de Jenofonte, le han podido pedir que les capitanee, pero eso no quiere decir que el capitán pueda ordenar y mandar sin más. Cualquier decisión que quiera tomar debe de ser, primero razonada, después debatida con sus subalternos y, luego, puesta a votación. Supongo que a este procedimiento es al que nos queremos referir cuando hablamos de democracia. Eso sí, una vez aceptada la decisión, la disciplina es la reina del cielo. 

Lo siguiente que sorprende es la flexibilidad. Los griegos están en un mal trance y son conscientes de que el arma más poderosa que tienen para superarlo es la agilidad mental. Hay que estar siempre evaluando la situación y buscando los subterfugios para mejorarla. Es lo que ahora se llama innovación. Todo lo que sobrevive en la naturaleza es porque nunca para de innovar. Y porque los griegos innovan continuamente sus tácticas militares es por lo que un ejército de diez mil hombres mantiene en jaque y se escapa de uno de varios cientos de miles.

En fin, un libro, en principio de aventuras, pero también de filosofía y, no menos, de tácticas militares. Me tiene tan enganchado que ya no echo en falta a Shanti Andia, que es que me dio una pena el terminarlo que...

domingo, 5 de marzo de 2023

La pluma y la espada

Entre pitos y flautas las Guerras del Peloponeso duraron algo más de medio siglo. Fueron guerras por la hegemonía entre vecinos que acababan de perder el enemigo común. Lo que tienen de particular estas guerras es que un señor llamado Tucídides hizo un relato pormenorizado de ellas. Al final ganaron la partida los espartanos, debido, seguramente, a que recibieron generosa ayuda financiera del antiguo enemigo común, los persas. Claro, un conflicto tan largo siempre viene a tener las mismas tres consecuencias: una, que el territorio en el que se produce queda empobrecido; dos, que se crea una casta de guerreros que solo saben vivir de la guerra; tres, que las tecnologías del matar mejoran una barbaridad. 

Así fue que, tras acabarse las Guerras del Peloponeso, el destino natural de aquellos superespecializados guerreros griegos fuese ir a inmiscuirse en las disputas dinásticas que a la sazón tenían muy entretenidos a los persas. Acababa de morir Darío II dejando dos hijos que se disputaban el trono: Ciro el Joven y Artajerjes II. Los guerreros griegos apostaron por Ciro, no por nada sino porque pagaba mejor. Así que, cuando, en una de esas, los de Artajerjes consiguieron matar a Ciro, los griegos quedaron en una situación comprometida. Por así decirlo, tuvieron que largarse con el rabo entre las piernas. Y, esa retirada, una entre tantas de las que se produjeron a lo largo de la historia, tuvo una característica que la hizo única: que entre los griegos iba un tipo que había sido discípulo de Sócrates y que sabía escribir muy bien. Se llamaba Jenofonte y nos dejó un relato pormenorizado de aquella retirada: Anabasis. 

Un ejército que va de retirada por un territorio hostil. Pongamos que Cortés tras la Noche Triste. Ejemplos a lo largo de la historia los hay a montones porque tras cada conflicto siempre hay una parte de los perdedores que no se da por vencida. Lo que no es tan frecuente es que entre los que escapan haya un tipo que sepa escribir tan bien como Jenofonte, en el caso de los griegos, y Bernal Diez del Castillo, en el caso de los españoles.

Griegos y españoles, ¡tantas concomitancias! En los dos casos hay una milicia que se ha superespecializado tras lagos años de contienda. En el caso español, más de setecientos años. Pero, también, lo mismo que Jenofonte pasó por Sócrates, Cortés, que según las malas lenguas fue quien escribió la retirada de la Noche Triste, pasó por Salamanca. La espada y la pluma. No es cosa de ponerse ahora, como hiciera Don Quijote, a divagar sobre cuál de las dos es más importante, porque la cosa va de soi: para ganar la guerra, la espada; para ganar el recuerdo la pluma. Y esa fue la grandeza de griegos y españoles, que ambos dos tuvieron tanto de la una como de la otra y, por eso es, que nadie como ellos ha dejado al mundo un legado tan imperecedero.