lunes, 6 de marzo de 2023

Anabasis

Anabasis de Jenofonte da un buen cacho para pararse a pensar. Y de entre todo ello una cosa me ha repercutido con especial relevancia: romper los juramentos que se hacen poniendo a los dioses por testigos solo puede traer malas consecuencias por razones obvias: a los dioses no les gusta que se les tome por el pito de un sereno.

Y ese es el punto y la madre de tantos de mis desvelos, que no siempre fui fiel a mis juramentos. No sé, la verdad, de donde me pudo venir esa especie de non chalance hacia las cosas serias de la vida. Quizá, el solo tener en cuenta los ejemplos a mi alrededor que se acomodaban a dar pábulo a mis caprichos. Todo ello, bien seguro, sustentado en la ilusión adolescente de autoproclamarse ateo. ¡Si no hay dios que te vea, por qué te habrías de preocupar por las consecuencias de tus actos!

Lo siguiente que llama poderosamente la atención en ese libro es que los griegos nunca deciden nada sin tener en cuenta a los demás. A uno, cual es el caso de Jenofonte, le han podido pedir que les capitanee, pero eso no quiere decir que el capitán pueda ordenar y mandar sin más. Cualquier decisión que quiera tomar debe de ser, primero razonada, después debatida con sus subalternos y, luego, puesta a votación. Supongo que a este procedimiento es al que nos queremos referir cuando hablamos de democracia. Eso sí, una vez aceptada la decisión, la disciplina es la reina del cielo. 

Lo siguiente que sorprende es la flexibilidad. Los griegos están en un mal trance y son conscientes de que el arma más poderosa que tienen para superarlo es la agilidad mental. Hay que estar siempre evaluando la situación y buscando los subterfugios para mejorarla. Es lo que ahora se llama innovación. Todo lo que sobrevive en la naturaleza es porque nunca para de innovar. Y porque los griegos innovan continuamente sus tácticas militares es por lo que un ejército de diez mil hombres mantiene en jaque y se escapa de uno de varios cientos de miles.

En fin, un libro, en principio de aventuras, pero también de filosofía y, no menos, de tácticas militares. Me tiene tan enganchado que ya no echo en falta a Shanti Andia, que es que me dio una pena el terminarlo que...

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