¿Y si fuese verdad que ya tenemos aquí le grand dégringolade? Desde luego que si nos pilla desprevenidos no será por falta de agoreros que la vienen anunciando a bombo y platillo desde no se sabe cuánto hace ya. Todo este ininterrumpido baile de vampiros que viene siendo la realidad socio-político-económico-ydemáshierbas de unos años para acá, por fuerza tiene que terminar en apoteosis porque ya no puede quedar una sola gota que sacar de las yugulares del sistema.
No sé, habrá que ver. Pero es que uno ve a estos gobernantes ocupados en legislar sobre la jubilación de los perros pastores, y cosas por el estilo, y se da uno cuenta de que, por no haber querido ocuparnos de lo que nos concierne, han acabado mandando los subnormales... que ya nos avisó Platón de que esto funciona así. Y ayer veía que se están quemando cientos de millones de dosis de la famosa que dicen vacuna, pero que no lo es, porque nadie se la quiere inyectar por más que los subnormales que nos gobiernan insisten e insisten e insisten. Levantasen la cabeza Buñuel y todos aquellos gurús del surrealismo y se quedarían patidifusos al comprobar que lo que ellos imaginaron era cosa de niños por comparación con la realidad en curso.
Sí, hay una situación muy curiosa. Es como una fina ansiedad que lo impregna todo. Es de esas situaciones en las que se tiene un deseo inconsciente de que todo estalle para que pueda haber un comienzo regenerador. Digamos que lo del mito del Ave Fénix. Y, mientras tanto, con la ilusión de poder salvar algunos muebles, hablamos de ir sacando nuestros ahorros del banco para meterlos debajo de la viga. Pero no lo hacemos porque seguimos siendo incapaces de ocuparnos de lo que nos concierne, y no por nada, sino porque sigue trabajando el inconsciente para asegurarnos de que todo intento de sortear el designio de los dioses es inútil.
En cualquier caso, sea como sea, lo realmente importante es que ya tenemos aqui la primavera. Y ayer fuimos a celebrarlo paseando por las trochas del valle de Campoo. Justo por donde Chisco condujo a Marcelo, camino de Tudanca, para hacerse cargo del mayorazgo que Don Celso estaba a punto de dejar vacante. Desafortunadamente no pudimos echar unas parrafadas con el Sordo de Proaño porque ya nadie empalla la yerba en el pajar. En fin, ya lo dijo aquel boticario de zarzuela, que los tiempos cambian que es una barbaridad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario