La memoria escrita es dinamita para el espíritu. No hay vuelta de hoja o, si mejor quieren, no puedes hacerte trampas. Así era como pensabas tú, con esa ingenuidad propia de los inexpertos. Así que no vengas ahora dándotelas de avisado porque, si vivieses treinta años más, te pasaría lo mismo respecto de lo que piensas ahora. Nunca, mientras sigamos respirando, dejaremos de cambiar nuestra manera de interpretar el mundo... a no ser, claro está, que uno sea un deficiente mental.
Pensar es una tragedia. Para el que piensa y para los que le rodean. Todos los males del mundo se derivan del hecho de que uno que se dedicaba a pensar creyó darse cuenta de que si se cambiase tal cosa todo podría ser mucho mejor. Y no pudo guardar para sí el hallazgo y se dedicó a propagarlo. Entonces, la gente que hasta entonces había vivido tan divinamente con lo que había, empezó a sentirse mal. Y empezó el baile. Porque no todo el mundo tiene la misma idea respecto de lo que es mejor. Porque es inevitable que lo que es mejor para unos sea peor para otros. Y también es inevitable que los que que piensan que es mejor para ellos luchen por conseguirlo y que los que piensan que es peor luchen por impedirlo. La guerra, en definitiva, ya ven, porque alguien se puso a pensar.
Señores, y señoras, que también tienen derecho, servidor lo que quisiera es adquirir ese estado supremo del escepticismo total. Que no se me vuelva a pasar por la cabeza la idea de certeza respecto de nada que no sea lo difícil que es tocar bien la guitarra.
No hay comentarios:
Publicar un comentario