Quisiera prescindir de todo tipo de contacto con los medios de comunicación, pero como resulta que soy un yonky de la guitarra no puedo evitar meterme en YouTube en busca de material para mi adicción. Y es lo que tiene salir a pillar que es inevitable contaminarse del pestilente ambiente circundante. En fin, el que no tenga experiencia de estas cosas es que poco ha vivido.
Pues sí, entro en YouTube y antes de poder colgarme de Nadia Kossinskaja interpretando Oblivion, que mira que me está costando aprenderlo, me tengo que tragar un montón de titulares de vídeos que me las prometen putas a nada que me descuide. Los de cariz económico son omnipresente, pero los que se llevan la palma son los relacionados con la salud. Al parecer, nunca es bastante lo que tenemos que hacer los humanos para no morir antes de tiempo... con tantas espadas de Damocles pendiendo sobre nuestras cabezas.
Claro, según las leyes del mercado en vigor, si no hubiese demanda la oferta se adaptaría automáticamente y, al entrar en YouTube, sería raro encontrar al típico vendedor de crecepelos. Pero, esa es la incuestionable cuestión, perdonen la redundancia, que demanda la hay para dar y tomar, porque, si la función crea el órgano, el médico, la enfermedad. Tal es la triste realidad y el que no se haya enterado que se lo haga mirar, como dicen los catalanes.
Ese es el asunto que para que tanto profesional de la salud pueda vivir tiene que haber mucha enfermedad. Y donde no la hay, se inventa. Por eso es preceptivo que antes de ver a Nadia Kossinskaja tocando Obivlión te tengas que tragar a un tío que te advierte que tienes una próstata que te va a jugar malas pasadas. Y, claro, yo, me cago en su puta madre, pero estoy seguro que habrá miles de tíos que nada más verlo saldrán corriendo en busca de un urólogo para que les meta el dedo por el culo. Es la técnica del meter los demonios en el cuerpo: una vez metidos ya te tienen agarrado por los cojones.
Es que se dice pronto, pero, seguramente, nunca sufrió la humanidad plaga de semejantes dimensiones. Vas por la calle y como es lógico te vas fijando en lo que hay alrededor. Alucinas la cantidad de locales y pisos dedicados a recomponer el alma alicaída de la gente. Y eso que a la entrada de la ciudad hay un hospital de mil camas con más de mil médicos tocándose las bolas por los pasillos. Sí, sí, digo bien, tocándose las bolas. Lo cual no quita para que la propaganda oficial sostenga que faltan médicos.
¡Por Dios Bendito! ¿Cuándo va a parar todo esto? ¿Es que la gente no va a poder vivir tranquilamente con los preceptivos alifafes de los que la naturaleza se sirve para recomponer el equilibrio? Desde luego que, cómo se degenera cuando no se va a la guerra.
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