Decíamos ayer que no hay otra realidad que el resultado que obtenemos de la exploración de nuestras sensaciones. De ahí el que sea tan importantes las sensaciones que nos procuramos. El intento de seleccionarlas por medio de una coraza que solo deje pasar lo que nos interesa... ¡vana ilusión! Como la de aquel rey que no quería que su hijo se enterase de la existencia de la muerte. Solo necesitó salir un día de los jardines del palacio para enterarse. Porque es imposible vivir todo el tiempo en el jardín: uno lo intenta, pero es inútil.
Ayer sin ir más lejos, había leído un rato la biblia, había visto terminar la película del oeste del canal televisivo de la Iglesia, había tocado La Catedral de Barrios Mangore que ya casi la tengo en el bote, había preparado una suculenta ensalada a la espera de que llegase María. Todo, por así decirlo, dentro del jardín. Pero ya habíamos cenado y pasado al salón cuando María dijo: están retransmitiendo un concierto desde la Plaza Mayor de Salamanca. Protesté algo, pero accedí a que conectase el televisor. No necesité ni medio minuto para caer en la desesperación. Habían puesto unas ringleras de sillas en el centro de la plaza donde se sentaba sabe dios qué gente que apostaría el cuello a que no habían tenido que pagar por su privilegio. Alrededor de las sillas hasta los soportales, donde se amontonaba la gente, había un gran espacio defendido por un siniestro despliegue policial. La orquesta, en un estrado levantado al efecto junto al ayuntamiento, tocaba una apestosa pieza de Mozart. La cámara iba de aquí para allá deteniéndose de vez en cuando en la momia reptiliana, la Reina Sofía, que presidía la eventosidad. Por mucho que lo hubiesen intentado las autoridades no hubiesen podido conseguir una escenografía que recordase mejor a los momentos preliminares de la gran apoteosis de las guillotinas. ¡Qué desfachatez! Me fui a otra habitación y cerré bien todas las puertas para no oír nada. Pero ya llevaba el alma podrida: mi realidad.
Ya digo, es imposible sustraerse a los ecos. Tambores de guerra. Los jefes de todas las tribus guerreras a este lado del Pecos se han reunido en Madrid para señalar al chivo expiatorio, pero, sobre todo, para hacer una representación de su poder ante sus verdaderos enemigos, la ciudadanía de sus países. Necesitan apabullarla para que no se subleve, ahora, cuando ya se les han agotado los recursos de birli-birloque para mantenerla entretenida. Al parecer ya hay demasiadas colas en los comedores de la beneficencia. Una guerrita vendría bien para aligerar esas colas. ¿O es que acaso no ha sido ese el recurso secular de los gobernantes siempre que se han visto entre la espada de la ira popular y la pared de su propia incompetencia? ¡Es de libro, señores! Y por supuesto, señoras también.
Qué curioso. Lo mismo sentí yo viendo a las mómias juntándose en Madrid , la OTAN ...Que si vestidito aquí,que si la la Jillmanía, el mariquita de Macrón, con tupé nuevo. Y la institutriz que tiene por susodicha con pelucón..Un par de viejas leptosomáticas. Y a la gente le hace gracia. En eso tienes razón . Una buena lectura de la biblia, un Western y a otra cosa.
ResponderEliminarSí, esa forma impúdica de exhibir el poder en realidad lo que expresa es que no existe tal poder. Compáralo con el que tienen los que hacen lo que les da la real gana todo el día.
ResponderEliminar