jueves, 18 de agosto de 2022

Cara de palo

Podríamos decir que es curioso, pero no, es por contra la cosa más vulgar por repetitiva a todo lo largo de la historia. Y es que, ahora, esos mismos locutores australianos que han estado los dos últimos años instando a la población con tonos amenazantes a vacunarse han pasado sin solución de continuidad y con cara de palo y de a mí que me registren a cantar la salmodia de los muertos por esas mismas vacunas. Tres aquí, seis allí, cinco por allá, el chorreo no tiene fin. ¡Oye, tú, como si nada! 

Claro que aquí nos encontramos con que la sociedad receptora del mensaje no quiere ni oír hablar del tema por la cuenta que le tiene. Y juega a ser avestruz. Pero, al menos, ya no insulta. La mosca detrás de la oreja, que cada día que pasa se hace más grande, se lo impide. 

Éste con el que nos vamos a enfrentar ahora sí que es un lance de encrucijada. Mucho mayor que el que tuvo Don Quijote. Porque, ¿ustedes creen que se puede mantener por mucho tiempo la cara de palo? Las asociaciones de afectados surgen por doquier. Las compañías de seguros se quieren lavar las manos. La oposición política ya empieza a dar signos de querer sacar réditos del desaguisado. Y los médicos empiezan a crear instituciones al margen de las oficiales. Esto desde luego no va a ser lo de la talidomida, por mucho que aquello fuera la mundial. Para mí que de esto no se va a ir de rositas nadie. Ni los que se tragaron el anzuelo ni los que no lo tragaron. Esto es una bola de nieve que corre ladera abajo descontrolada. Y ya saben como han sido siempre estas cosas. Desde el poder, un  mal, por definición, solo se puede parar provocando otro mal mayor. Hasta que de las cenizas del caos total vuelva a brotar la vida. 

Perdonen que me muestre tan pesimista, pero es que así me consuelo.  

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